El Atlético de San Luis atraviesa uno de los comienzos más complicados de su todavía corta historia en la Liga MX. Tres puntos de 15 posibles son números que, inevitablemente, encienden las alarmas.
Y no solo por la posición en la tabla o por la cantidad de unidades perdidas. Lo preocupante es la sensación que ha dejado el equipo en este arranque: un conjunto que, por momentos, parece tener argumentos para competir, pero que termina pagando caro sus errores, sus desconcentraciones y su incapacidad para cerrar los partidos.
Lo ocurrido ante Pachuca fue, quizá, la representación perfecta del momento que vive el Atlético.
Una historia que parecía tener un final favorable terminó convirtiéndose en una película absurda, de esas que difícilmente se creen si no se ven. San Luis jugó prácticamente todo el encuentro con un hombre de más, logró ponerse adelante cerca del final y parecía tener en sus manos una victoria que era más que necesaria.
Pero en la última jugada llegó lo impensable.
Tiro de esquina. El portero Carlos Moreno sube al área. Remate de cabeza. Gol.
Un desenlace surrealista que no solo le arrebató dos puntos al Atlético, sino que dejó una sensación todavía más amarga entre la afición. Moreno se convirtió así en el tercer guardameta en la historia de Pachuca en marcar un gol, después de nombres históricos como Miguel Calero y Óscar “El Conejo” Pérez.
Mientras tanto, en los pasillos del estadio, la molestia era evidente.
La afición buscaba respuestas.
¿El técnico?, ¿Los jugadores?, ¿La directiva?, ¿Los refuerzos?, ¿El planteamiento?
En un equipo de futbol, cuando los resultados no llegan, es normal que las responsabilidades comiencen a repartirse. Y en el caso del Atlético de San Luis, resulta difícil señalar a un solo culpable.
Diego Mejía llegó con una idea, con un proyecto y con la intención de darle una identidad distinta al equipo. Sin embargo, el futbol mexicano no suele tener mucha paciencia. Los proyectos se defienden con resultados y, hasta ahora, los números no acompañan.
Pero también sería precipitado pensar que todo debe desaparecer después de cinco jornadas.
El problema es que la paciencia tiene un límite, especialmente cuando el calendario no da tregua.
Al Atlético se le vienen partidos complicados. Aunque, como bien ha mencionado el propio Mejía, en esta Liga MX ningún rival puede considerarse sencillo. Y quizá esa sea la realidad que debe asumir San Luis: si el equipo quiere salir de este momento, tendrá que hacerlo enfrentando la dificultad, no esperando un partido cómodo que probablemente nunca llegue.
La gran pregunta es qué necesita el Atlético: ¿paciencia o reinicio?
Tal vez, por ahora, ninguna de las dos opciones de manera absoluta.
No parece momento de presionar el botón de emergencia y tirar por la borda todo el proyecto. Pero tampoco se puede pedir paciencia infinita mientras el equipo continúa dejando escapar puntos.
El Atlético necesita corregir. Y rápido.
Necesita aprender a manejar los partidos, aprovechar las ventajas, mejorar su contundencia y, sobre todo, recuperar esa capacidad de competir hasta el último segundo. Porque hoy, precisamente en esos pequeños detalles, se están escapando los resultados.
Cinco partidos no definen un torneo.
Pero sí pueden marcar una tendencia.
El margen todavía existe, aunque cada jornada que pasa sin ganar lo reduce un poco más. El Atlético de San Luis tiene tiempo para reaccionar, pero necesita demostrarlo dentro de la cancha.
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