¿Quién pierde y quién gana con la prohibición de los celulares en las escuelas? Los alumnos, los maestros o los padres

Por: René A. Peralta Acevedo

Por

Redacción

- lunes, septiembre 7 de 2026

Sin duda alguna, la tecnología empleada en los ambientes educativos, desde la década de los 2000 a la fecha, ha significado un cambio significativo en la manera de enseñar, una auténtica revolución que les permite hoy en día a los alumnos y alumnas convertirse en ciudadanos del mundo, informados de lo que sucede en tiempo real alrededor del planeta y con un alto y definido conocimiento de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación).

La discusión gira en específico en torno a los teléfonos móviles: ¿qué tan necesario es que los alumnos los empleen en el aula?, ¿en qué les beneficia?, ¿genera que tengan un mejor desempeño escolar?, ¿los ayuda a realizar y entregar mejores productos? O bien, todo lo contrario: distrae su atención plena y, además, fomenta la codependencia que tienen las actuales jóvenes generaciones a los dispositivos electrónicos.

De entrada, hay que mencionar que todos los cuestionamientos y afirmaciones anteriores tienen algo de razón. El teléfono celular le permite al alumnado tener un cúmulo de información en la palma de su mano, ya sea vía redes sociales o las distintas fuentes de información que existen en la web: blogs, revistas, periódicos, medios de divulgación electrónicos, etc.

La disyuntiva aparece cuando se pone en tela de juicio el correcto uso de los dispositivos dentro de los planteles, ya que, en la realidad y en la práctica, los teléfonos generan poca o nula atención de los alumnos hacia sus clases y sus profesores, desvían su atención de lo que en verdad les genera un beneficio, académicamente hablando, y permanecen una cantidad de horas considerable en redes sociales o jugando videojuegos.

Referente al término de malas prácticas, podemos incluir también a los adultos que ejercen cualquier tipo de violencia hacia los alumnos y que la tecnología y las redes sociales han servido como prueba de los malos tratos de algunos “profesionales” sin un peso de ética.

Basta recordar el caso del profesor que recientemente fue separado de sus funciones por un video que circulaba y en el que se mostraba a dicha persona jugando y bromeando de manera inapropiada con sus alumnos, esto en el municipio de Acámbaro, en el estado de Guanajuato, o peor aún, el profesor Alberto Israel, que dejó un video grabado antes de quitarse la vida por supuestamente ser acusado (injustamente) de acoso hacia una alumna.

Como siempre, la tecnología juega un doble papel y se convierte en un arma de doble filo para quien la posee y la utiliza, y ahora, con la Inteligencia Artificial, bueno, ese es un platillo que se sirve aparte.

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René A. Peralta Acevedo es politólogo egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa. Cuenta con una maestría en Educación y Docencia, formación que complementa su perfil en el análisis político y social. Asimismo, actualmente labora en la fundación Christel House México.