PASE DE LISTOS

Autor: Oro

Por

Redacción

- martes, febrero 4 de 2025

Ser parte del servicio público, ya sea por asignación o por elección democrática, debería significar mucho más. Sin embargo, las personas que hoy ocupan estos cargos parecen creer que pueden hacer lo que quieran, siempre y cuando cumplan con lo que el patrón les ordene y se mantengan bajo su gracia divina.

Ahí tiene usted, por ejemplo, el Congreso del Estado de San Luis Potosí, plagado de borregos arribistas que solo saben aprobar lo que el poder ejecutivo les manda. Y claro, mientras ofrezcan algo más al patrón, pueden legislar cualquier cosa que les convenga y, por supuesto, les beneficie.

Recientemente, el pleno del Congreso aprobó una reforma al reglamento del poder legislativo que permite a los diputados participar en las sesiones de comisiones y comités de manera virtual, con plena validez aprobatoria.

Por la cantidad de dinero que reciben y la responsabilidad que se les ha encomendado, estos servidores públicos deberían cumplir con su labor como lo han hecho los diputados desde la instauración del Congreso. Pero no, parece que tienen ocupaciones más importantes en su vida.

Algún diputado mencionó que esta reforma parecía estar enfocada en la comodidad de los legisladores, mientras que la legisladora que la propuso defendió la medida argumentando que busca “brindar una facilidad para estar presentes en caso de cualquier inconveniente que les impida llegar a la sede legislativa”. Y vaya usted a saber qué entienden los diputados por “inconveniente” para faltar a su trabajo en este encargo tan importante.

Como la reforma fue aprobada por unanimidad, no hay quien la cuestione, salvo uno o dos diputados que se deslindaron de esta ridícula y desvergonzada decisión.

Este monero sabe bien que el cinismo que hoy permea en la sociedad nos lleva a encogernos de hombros ante situaciones indignantes como esta. Y así, probablemente, alguno de los que hoy se apuntan cómodamente a aprobar este reglamento será electo para otro cargo público en unos años, cuando veamos sus fotos en la propaganda, sonrientes y frescos, seguramente bien descansados por no haber hecho nada más que ponerse de rodillas cuando el patrón los llama a atender sus mandatos.