La maternidad también se rompe en silencio

Por

Paola Mata

- viernes, mayo 8 de 2026

En vísperas del 10 de mayo, fecha en la que se regalan flores, hay festivales y discursos sobre el amor incondicional de las madres, también es necesario abrir espacio a una conversación mucho más incómoda: la salud mental materna. La tragedia del pequeño Vicente, el niño que perdió la vida tras permanecer dentro de un automóvil, volvió a poner sobre la mesa una realidad que pocas veces se quiere mirar de frente.

Es importante decirlo con claridad: nada justifica una tragedia como esta. La muerte de un menor jamás puede minimizarse ni defenderse bajo ningún argumento. El dolor de una pérdida así es irreparable y la responsabilidad sobre los cuidados de un niño existe. Sin embargo, una cosa es condenar los hechos y otra muy distinta ignorar el contexto emocional y mental que viven miles de mujeres todos los días. Porque detrás de estos casos que estremecen a la sociedad también existen historias de agotamiento extremo, ansiedad, depresión, presión económica y una carga mental que muchas veces termina siendo invisible.

La maternidad continúa romantizándose como una etapa de plenitud absoluta, cuando para muchas mujeres también representa soledad, cansancio crónico y exigencias permanentes. Se espera que las madres trabajen, cuiden, eduquen, mantengan el hogar en orden y emocionalmente estén siempre disponibles, sin errores, sin pausas y sin colapsar. Y cuando una mujer finalmente se rompe, la sociedad suele responder primero con juicio y después con indiferencia.

Este 10 de mayo quizá también debería servir para reflexionar sobre cómo estamos acompañando a las madres más allá de los regalos y las felicitaciones. Hablar de salud mental materna no significa justificar tragedias, sino entender que prevenir también implica escuchar, atender y construir redes de apoyo reales. Porque ninguna mujer debería enfrentar sola el peso emocional de sostenerlo todo mientras intenta no derrumbarse.

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Por: Paola Mata