Lo que en días pasados comenzó como un comentario posterior al partido de la Liga MX Femenil entre Cruz Azul y América, en un podcast llamado Las Pláticas del Mal, auspiciado por la plataforma teammexico.mx, terminó trascendiendo las redes sociales.
Durante el programa, el creador de contenido Santiago Domínguez expresó de manera soez que las jugadoras de La Máquina deberían irse a un table dance en lugar de ser futbolistas. Asimismo, Miguel Bedean, conocido como “Mike Máquina del Mal”, realizó otros comentarios de índole económica al señalar que a las jugadoras ni siquiera les pagaban lo suficiente.
Sin embargo, con el paso de los días, los comentarios de estos creadores de contenido fueron subiendo de tono, hasta que la tarde del lunes la Secretaría de las Mujeres del Gobierno emitió un comunicado en el que condenó los hechos.
Posteriormente, la noche del mismo lunes, Cruz Azul Femenil dio a conocer que acudirá ante las autoridades correspondientes para emprender acciones legales por estos comentarios.
La pregunta es la siguiente: ¿hasta cuándo los creadores de contenido tendrán conciencia de la responsabilidad social que implica tener un micrófono?
Esto aplica tanto para los medios periodísticos como para las redes sociales. Vaya, lo importante es que estos creadores cuentan con una cantidad considerable de seguidores y, en sus plataformas, comienzan a multiplicarse los discursos de odio hacia las mujeres futbolistas.
No se trata únicamente de un comentario desafortunado o de una supuesta broma. Las palabras tienen consecuencias, especialmente cuando son pronunciadas por personas que cuentan con una audiencia capaz de reproducir y amplificar sus mensajes.
Ojalá que esta situación marque un antes y un después frente a los discursos generadores de odio, particularmente en el contexto del futbol femenil ya que, después del Mundial, como se ha podido observar, muchas niñas y adolescentes se interesaron en este deporte y se convirtieron en nuevas aficionadas.
Por ello, quienes tienen un micrófono y una audiencia tienen también una responsabilidad. El crecimiento del futbol femenil no debería estar acompañado de comentarios sexistas, misóginos o denigrantes hacia las mujeres que decidieron hacer del futbol su profesión.
La crítica deportiva siempre tendrá un espacio; la violencia, la misoginia y los discursos de odio no deberían tenerlo.
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Por: Orlando Tristán
