En el ámbito académico, dónde uno de los objetivos no es otro que la formulación de conocimiento, existen dos grandes verdades que existen en simultáneo. La primera corresponde al hecho de que la acumulación de conocimiento, por sí misma, genera crecimiento en las capacidades científicas y de desarrollo humano. La segunda es que los grandes avances de la ciencia dependen de un entorno político y social que las necesite y fomente.
Entre estas dos existe una tensión que surge cuando el ejercicio académico se exime de la segunda, en apego al cumplimiento de la primera. Si se realiza un ejercicio de investigación científica, el que alcance un adecuado rigor metodológico es indispensable, si se corresponde con lo que requiere el entorno, es un asunto diferente.
Existen temas que ponen a prueba esta tensión al máximo. Son áreas de investigación cuya urgencia de atención es innegable, pero cuya amplitud permiten el desarrollo de estudios cuyo aporte abona a la acumulación de conocimiento pero que no se encuentran alineadas a las necesidades que aparecen en el entorno del que surgen. Por nombrar algunas se puede mencionar a la seguridad, los procesos económicos, el desarrollo humano, la sostenibilidad ecológica, entre muchas otras.
Esto no es casual, resulta particularmente complicado realizar investigación exhaustiva en temas de relevancia social cuando los temas son altamente dinámicos, parece más sensato abarcar lo más posible. La última vez que el mundo se detuvo para concentrar los esfuerzos de la ciencia en un problema en específico, fue con respecto a la atención a la pandemia causada por el virus SARS-CoV-2, la magnitud del riesgo social-humano fue tal que obligó a un alto significativo en una gran cantidad de actividades diarias, el fenómeno se mantuvo en relativa estabilidad mientras fue analizado.
Para el resto de temas, la cosa no marcha igual. Por ejemplo, el estudio de los estallidos de violencia e inseguridad, relacionados con el crimen organizado, se ven rezagados por la adaptación y reacción entre las agencias de seguridad e inseguridad; cuyos sistemas de inteligencia se han contrapuesto históricamente, permitiendo avances marginales. Lo mismo se observa por ejemplo en las dinámicas económicas, cuyo estudio está sujeto a una constante actualización de los mercados y sus dinámicas, así como lo que corresponde a sus efectos sociales y humanos.
Estudios del agua, justicia alimentaria, política electoral, dinámicas internacionales, la lista sigue y sigue. En estos grandes temas, de importancia latente, cualquier avance de investigación importa, pero no todas con la misma urgencia. En una realidad humana, cuyas dinámicas son altamente cambiantes, los efectos se suceden y lo analizable se vuelve complejo. Se asume una idea de que los avances del conocimiento requieren condiciones específicas para avanzar de manera importante; son ‘ventanas’ de oportunidad complicadas de alcanzar.
Lo anterior implica que en el ejercicio científico, las capacidades y vocaciones científicas no siempre empatan con las expectativas que el contexto demanda. Así pues, toda investigación es potencialmente útil socialmente, pero no toda es pertinente para la temporalidad en la que se desarrolla. Otra verdad sobre el desarrollo de la ciencia. La elección de los temas de estudio es ya una decisión intencionada.
Para el caso de México, un mecanismo del Estado para el direccionamiento de los proyectos y enfoques de investigación prioritarios corresponde a los temas reconocidos en el Programa Sectorial de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Las dependencias, instituciones académicas o investigadores que realizan investigación con financiamiento de la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación, requieren alinearse a sus prioridades estratégicas.
Otras muchas instituciones se dedican a promover la ciencia y a financiar investigación, ejemplo son las ONG, universidades, asociaciones civiles, empresariales o políticas, entre otras. La oportunidad para la ciencia, en este contexto, no es accidental. No lo ha sido desde la implementación de estas políticas y mecanismos que pretenden focalizar el ejercicio científico, que no son nuevas. Entender, así como dar sentido y profundidad social, política e histórica a lo propuesto desde estas prioridades depende de la capacidades y voluntades científicas.
Al investigar se elige un tópico, un tema de interés; pero también el enfoque de incidencia social. La intención que se da al ejercicio de la ciencia depende de la capacidad para entender la dinámica en que se inserta y de la definición de una postura para generación de conocimiento, por acumulación o por requerimiento social. Así pues, es importante.
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Por: José Luis González Madrigal
