Julio Cortázar nos desordenó la cabeza y el alma

Por

Paola Torres

- viernes, agosto 29 de 2025

No se lee a Cortázar impunemente. Uno entra por curiosidad a sus cuentos “Casa tomada”, “La autopista del sur”, “La noche boca arriba”y sale de ahí cambiado, con una parte del mundo levemente desencajada. Después llega Rayuela, y lo que parecía un juego se convierte en una grieta: ya no puedes leer igual, ya no puedes pensar igual.

Pero Cortázar no se quedó en el gesto estético. Supo también comprometerse con las luchas sociales de su tiempo. Apoyó abiertamente a la Revolución Cubana, denunció las dictaduras latinoamericanas y prestó su voz y su prestigio a causas que muchos intelectuales preferían mirar de lejos. Para algunos, eso lo vuelve incómodo. Para otros, admirable. En cualquier caso, valiente.

Y en lo personal porque leer a Cortázar siempre es personal, hay algo profundamente íntimo en su manera de mirar lo cotidiano. Es capaz de encontrar lo fantástico en un bostezo, en una escalera, en el lento desplazamiento de un reloj. Nos enseñó a desconfiar de lo evidente y a prestar atención a los pequeños absurdos que hacen del mundo algo menos gris.

Porque si hay algo que nos dejó claro es que la literatura, como la vida, vale la pena cuando se juega a fondo.