A propósito de la reciente publicación de los pésimos resultados obtenidos por los estudiantes mexicanos en la prueba PISA, es pertinente abordar la problemática desde una perspectiva que siempre es, siempre ha sido y siempre será tema de discusión cuando del sistema educativo hablamos: la corresponsabilidad de los docentes.
Que si los maestros ya no son como antes, no enseñan con el mismo profesionalismo de antes o bien, que no están lo suficientemente preparados como lo estaban antes. El punto es que, aunque hablemos de una Nueva Escuela Mexicana que ha fracasado desde su implementación hasta su ejecución, de un organismo nacional encargado de la asignación de plazas docentes (USICAMM) opaco y poco funcional o incluso de un secretario de Educación incompetente para las funciones que ejerce, en el espectro social el primer y mayormente señalado será el maestro.
En la actualidad, en la mayoría de las escuelas de nivel básico en nuestro país, los docentes se preocupan y se ocupan más por corregir conductas que por realmente enseñar algún contenido, alguna materia o los famosos Procesos de Desarrollo de Aprendizaje, como los marca hoy en día la NEM.
Basta con recordar todo el furor y el descontento que provocó la muy desatinada y poco planeada decisión del secretario de Educación, Mario Delgado, semanas antes de que iniciara el Mundial de futbol en nuestro país, en la que se anunciara el término y cierre del ciclo escolar antes de lo ya estipulado en un Calendario Escolar previamente anunciado y estipulado en el Diario Oficial de la Federación.
Al final del día, esta decisión no tuvo efecto alguno y se echó para atrás, dejando al descubierto la falta de organización y planeación, la falta de comunicación con el Ejecutivo y la clara preferencia hacia algunos sectores (sociales y económicos) sobre otros. La opinión pública se volcó en una frase emanada de un gran sector de las familias mexicanas y que llamó mucho mi atención: ¿Ahora con quién vamos a dejar a nuestros hijos?
Vamos por partes: las escuelas son centros de conocimiento; ahí nace, se socializa y se produce este mismo conocimiento. Además, los maestros tienen la obligación no solo de enseñarles a los alumnos, sino de formarlos y complementar su educación integral, basada, en su mayoría, en un cúmulo de valores familiares.
Lo que muchas veces olvidamos (a conveniencia), y con olvidamos me refiero a las familias, es que la educación es tripartita y, como padres y madres, queremos dejarle toda, absolutamente toda la responsabilidad a las escuelas, los institutos y los centros de formación de la educación de nuestros niños, jóvenes y adolescentes.
Nos levantamos temprano, llevamos a los hijos al colegio y nos olvidamos, en un lapso de 8 a 10 horas, de nuestros pequeños. “Que se hagan cargo los maestros”, una frase que he escuchado en innumerables ocasiones, un proceso que ya parece simplemente automatizado.
No es responsabilidad de la escuela o del colegio, sea del sector público o privado, hacerse cargo de lo que suceda con el alumno/a fuera del plantel o del horario escolar. Los chicos asisten, como lo mencioné líneas arriba, para aprender y formarse, no para fungir de guardería mientras los padres (algunos, no todos) se desentienden de sus propias responsabilidades como jefes y jefas de familia. Citando a un buen amigo y colega: “crianza no es docencia”.
Mientras el sistema educativo actual incline la balanza en su totalidad (para bien o para mal) hacia el educando, solapado por directivos y dueños de centros escolares que operan en función de una oferta y demanda donde el que paga manda y, en este caso, el que paga es el padre o madre de familia, los que quedan a la deriva y a merced de las inconsistencias de la ley en materia de educación y de decisiones arbitrarias y cero empáticas por parte de los altos mandos, quien siempre, e insisto, siempre va a llevar las de perder es el maestro, el mismo que desempeña, tal vez, la más importante y más noble labor en nuestra sociedad.
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René A. Peralta Acevedo es politólogo egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa. Cuenta con una maestría en Educación y Docencia, formación que complementa su perfil en el análisis político y social. Asimismo, actualmente labora en la fundación Christel House México.