El mundial: mucho más que fútbol

Por

Redacción

- jueves, mayo 28 de 2026

A veces los mundiales se organizan por mucho más que amor al fútbol. Cada cuatro años, millones de personas se reúnen frente a la pantalla o llenan estadios para ver el mayor espectáculo deportivo del planeta: el mundial de fútbol. Este deporte emociona porque despierta y moviliza identidades, recuerdos y emociones colectivas. Sin embargo, pensar que el Mundial es un simple torneo sería dejar de ver una parte importante: el fútbol profesional y los grandes eventos deportivos también son escenarios de poder político, económico y simbólico.

El deporte es una herramienta para fortalecer la reputación internacional. Catar 2022 es el caso más visible de los últimos años: el torneo permitió mostrar al mundo un país moderno, tecnológicamente avanzado y capaz de organizar un evento global complejo. Lo mismo sucedió con Rusia en 2018: el Mundial funcionó como vitrina internacional para aminorar las críticas por violaciones a derechos humanos y libertades políticas. A este fenómeno se le conoce como sportwashing: utilizar el deporte para mejorar o suavizar la imagen de un gobierno ante la opinión pública internacional. 

La candidatura de Estados Unidos , México y Canadá para organizar el Mundial de  2026, buscaba proyectar la idea de una Norteamérica integrada, competitiva y con capacidad de liderazgo económico y logístico a escala global. Las tensiones actuales entre estos tres países y de Estados Unidos con otras regiones del planeta le agregan una dimensión geopolítica mayor.

Además, organizar un evento de tal magnitud implica enormes decisiones públicas. Se requiere infraestructura, transporte, seguridad, telecomunicaciones y servicios especiales. Y aquí surge una pregunta importante: ¿quién paga realmente el Mundial?

Aunque la FIFA y los patrocinadores obtienen ganancias millonarias, gran parte de los costos operativos son responsabilidad de los gobiernos nacionales y locales. En este 2026 algunas ciudades estadounidenses han levantado la voz respecto a los costos del transporte y la logística que tendrán que pagar con su presupuesto, sin quedar claros los beneficios a largo plazo.

Esto no le quita el disfrute al fútbol. Al contrario, destaca su importancia porque moviliza emociones, identidades y recursos a escala global, a un nivel que es difícil de encontrar en otras actividades. Himnos, banderas, colores, convierten al juego en una representación simbólica de las naciones; así cuando una selección gana, muchas personas sienten alegría y orgullo colectivo, cuando pierde, la derrota puede ser un pesar nacional, canalizando las emociones internas de cada país. La capacidad del fútbol para reunir a millones de personas lo convierte en un fenómeno político de relevancia. Dejar de observar este componente es como ver sólo la mitad del juego.


Por: Javier Contreras Alcántara

Doctor de Investigación en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la FLACSO México. Profesor Investigador en el Programa de Estudios Políticos e Internacionales de El Colegio de San Luis.