Hace un año, el New York Times publicó una nota en la que aseguraba que las autoridades de Estados Unidos ya investigaban a Andrés Manuel López Obrador por vínculos con el narcotráfico. En dicho artículo se afirmaba que el entonces presidente había recibido millones de dólares y que había tenido reuniones con altos mandos de los cárteles del narcotráfico mexicano.
En aquella ocasión, un amigo me preguntó mi opinión sobre el tema. Después de una larga conversación, le solté esta idea:
“No importa las pruebas que presenten ni de qué acusen a una persona como Andrés Manuel. No importa cuántos jueces o jurados lo juzguen. Él ya tuvo su juicio: el del pueblo. Un pueblo que no exige evidencias ni pruebas, que lo aceptará con sus errores, crímenes y mentiras. Es más, en este momento, el Peje podría salir al Zócalo de la Ciudad de México, a la una de la tarde, frente a todos los peatones, y dispararle con un arma a una ancianita inocente, y aun así seguiría siendo eximido en el juicio de la opinión pública en México”.
Pero el tiempo y los fenómenos de la geopolítica mundial cambian, y, para mala fortuna de la 4T y, por supuesto, de nuestro país, la impredecible anomalía que es el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, trae consigo un cambio de reglas, incluso en el ámbito diplomático. En los primeros días de su mandato, ha borrado el nombre de México en el Golfo, ha manifestado el deseo de anexar Canadá y Groenlandia y de volver a tomar el control del Canal de Panamá, así como así, por puro berrinche.
Por supuesto, también ha dirigido la ira de los norteamericanos contra México, culpándonos de la epidemia de fentanilo que supuestamente sufren en su nación. Y, además, está el asunto de la migración: poseemos la frontera más porosa por donde nuestros nacionales y los de varios países de Latinoamérica y el Caribe están penetrando hacia el sueño americano.
El tema tiene muchas aristas, como la insaciable demanda de estupefacientes en su país y su necesidad de migrantes. Trump le torció el brazo a nuestra presidenta con la amenaza de imponer aranceles a varias de nuestras exportaciones para obligarnos a actuar en defensa de sus intereses en la lucha contra el tráfico de drogas y de personas.
Y, claro, se retomó el tema de las investigaciones contra políticos mexicanos, empezando por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, sobre todo ahora que cuentan con la información que pueden entregarles el Mayo Zambada y los hijos del Chapo. Pero, por supuesto, los investigados se negarán.
Quién sabe si el juicio de la opinión pública en México aún pueda proteger al ahora ex payaso del Palacio Nacional, hoy refugiado en la selva de su precioso rancho La Chingada. Quién sabe si, en una de esas, no terminamos viendo un secuestro como el del Mayo Zambada, que lo ponga frente a un juez en Nueva York en los próximos tiempos.