Nada causa más expectativas que una historia llena de misterios y especulaciones, y esta no es la excepción. El origen y desarrollo de dicha historia está llena de datos supuestos, pero todos ellos tienen su origen en la existencia de dos objetos que hoy pueden ser observados en dos diferentes templos católicos de la ciudad de San Luis Potosí, en México.
Se trata de dos candiles de cristal con forma de carabelas que hoy podemos observar, uno en el Templo de San Francisco y el otro en la Basílica y Santuario de Guadalupe de la mencionada ciudad; ambos son muy parecidos y sabemos que tienen el mismo origen, aunque este origen sea incierto. Estos candiles (y, según unas versiones, un tercero; y, según otras, otros cinco) fueron donados en 1788 como un exvoto por el capitán don Joseph Antonio de Otahegui, español avecindado en Nueva España, al templo de Nuestra Señora de la Merced y Redención de Cautivos. Algunas versiones indican que estos candiles fueron construidos por él, otras versiones indican que fueron traídos desde Europa y, algunas más, que la construcción de los candiles tiene su origen en una aparición de San Francisco de Asís a unos marineros que iban en trayecto hacia la Nueva España, configurando una leyenda que a continuación referiremos; sin embargo, ninguna de estas versiones tiene un soporte documental o anecdótico verificable.
La leyenda que antes mencionamos, inicia en un barco que navegaba desde la isla de Cuba rumbo al puerto de Veracruz y que fue azotado por una tormenta. Los tres marineros que viajaban en el barco estaban superados por la fuerza de la tormenta, y al punto de ver la muerte cerca, vieron aparecer a un hombre barbado sobre una tabla en el mar picado, quien les tranquilizó, asegurándoles que tenían mucha vida por delante. Ya sobre la cubierta del barco, les ayudó a controlar la nave. Al despedirse, les dijo que su nombre era Francisco y que era de un pueblo llamado Real de Catorce, que lo buscaran si algún día iban por allí. Los marineros, ya en la Nueva España, relataron el increíble suceso como un milagro y decidieron buscar a Francisco, pero antes, encargaron a uno de los más talentosos artesanos la construcción de tres barcos de cristal para llevarlos como regalo a su salvador; el artesano, quien conocía la historia de los marineros, puso su mayor dedicación a la construcción de este regalo, y cuando estuvo listo, los tres hombres se dirigieron rumbo a Real de Catorce.
Al llegar al citado pueblo, nadie sabía quién era aquel Francisco tan notable y, tras buscarlo sin éxito, al entrar a la iglesia del panteón, observaron la imagen de San Francisco de Asís, dándose cuenta de que su rostro era idéntico al del hombre que los había salvado en alta mar. A partir de entonces, esta historia se narra como uno de los más notables milagros de San Francisco de Asís. Los hombres donaron los tres barcos de cristal a la iglesia del panteón de Real de Catorce, como una ofrenda para el santo. La historia continúa cuando, según se cuenta, una autoridad eclesiástica visitó la iglesia y decidió llevar los barcos a distintos templos del pueblo de San Luis Potosí, perdiéndose uno de los tres candiles en el trayecto, seguramente siendo robado. Como podemos percatarnos, esta historia implica que la decisión de que los barcos estuvieran en San Luis Potosí fue de una autoridad de la Iglesia, sin embargo, otra versión que sí es verificable, implica que en realidad los candiles fueron una donación del capitán don José María Otahegui al Templo de la Merced de la ciudad de San Luis Potosí.

Escudo de la Orden de Nuestra Señora de la Merced.
Los mercedarios habían llegado al pueblo de San Luis de Mexquitique (hoy San Luis Potosí) en 1626, y para 1636 habían fundado su templo, dando origen al barrio de San Lorenzo de la Orden de Nuestra Señora de la Merced y Redención de Cautivos, por orden del capitán don Gabriel Ortiz de Fuenmayor. Se cuenta que el origen de esta fundación se dio un 10 de agosto de 1606, día de San Lorenzo, cerca de la llamada “palma gorda” (en donde después se estableció el templo y ahora es un jardín llamado Jardín Colón), en cuya sombra solía descansar el capitán don Gabriel Ortiz de Fuenmayor al volver de las labores en el campo. Un día que una tormenta cubrió el cielo, un rayo cayó cerca de donde se encontraba la gente y familia de Fuenmayor esperándole, afortunadamente todos salieron ilesos tras la caída del rayo. El capitán llegó tarde al encuentro ese día y se consideró que, de haber estado presente, seguramente esto lo habría matado, pues el rayo había caído justo sobre el árbol en donde solía descansar.
En agradecimiento a esto, el capitán prometió la construcción de una ermita en honor a San Lorenzo, y así lo hizo, quedando ésta bajo el cuidado de los agustinos por algunos años. Fuenmayor murió en mayo de 1617 y, por aquellos días, los mercedarios visitaban el pueblo buscando erigir su iglesia y convento. La viuda y heredera del capitán, doña Isabela Pérez, les cedió la ermita y el solar anexo. En 1622 la mitra de Michoacán les otorgó licencia, gracias a lo cual, entre 1626 y 1636 se dio la construcción de un primer templo, hospicio y convento, lo que causó, por cierto, una firme oposición de los franciscanos y los agustinos de la ciudad.

Grabado del templo, hospicio y convento de Nuestra Señora de la Merced en San Luis Potosí (1862).
Era tan visitado el templo, que años después los mercedarios consideraron necesario derribar la antigua capilla y el 20 de julio de 1681 se colocó la piedra fundamental de una nueva iglesia, misma que fue concluida en 1685, transformando la antigua la ermita en una suntuosa iglesia barroca que se ubicaba en ese momento entre la ciudad y la Garita de México, justo en el punto medio entre las villas de San Sebastián y San Miguelito, con su fachada principal observando hacia el norte (actualmente en ese punto inicia la calle peatonal Ignacio Zaragoza).
Este nuevo templo tenía nueve altares interiores de estilo barroco estípite, ocho de ellos estaban hechos de madera sobredorada, de tres cuerpos cada uno y tres carreras. Para 1765, se colocó un colateral de María Santísima de la Luz, con una repisa dorada, marcos dorados y un nicho con vidriera. En 1782 se le hicieron nuevas modificaciones al templo, demoliéndose la torre original y construyendo una nueva con balcones de fierro, veleta con cruz de caravaca pintada, una campana y cuatro esquilas. Al lado poniente del conjunto se encontraba el cementerio, con un esbelto arco de entrada y coronado por el escudo de la orden, el cual aún hoy se conserva en el Museo Francisco Cossío (antes llamado Casa de la Cultura); el convento se encontraba al lado oriente y, por atrás, una pequeña huerta.

Hospicio y convento de Nuestra Señora de la Merced y Redención de Cautivos.
Hipótesis arquitectónica tomada del libro:
Galván Arellano, Alejandro (1999). Arquitectura y Urbanismo en la Ciudad de San Luis Potosí en el siglo XVII. San Luis Potosí: Facultad del Hábitat, Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
Es justo en este contexto cuando los candiles aparecen en nuestra historia. Su interior fue adornado con ellos. Algunas personas dicen, en la actualidad, que eran siete candiles, otros que eran tres, y algunas versiones más indican que siempre fueron dos los grandes candiles en forma de barco, exvotos donados en 1787 por el capitán don José María Otahegui. La hipótesis de que eran tres barcos es la más referida, puesto que, según algunas versiones, el exvoto evocaba a las tres carabelas de Cristóbal Colón.
Vale la pena explicar brevemente lo que implica un exvoto, sobre todo, uno que implicó el gasto un recurso tan oneroso como los son estros dos, tres o siete candiles. El término «exvoto» proviene del latín ex voto, que significa “proveniente de un voto”; es decir, se trata de una promesa que se ofrece cumplir al recibir un favor o concederse una petición, normalmente a una deidad. Los exvotos existen en múltiples culturas y toman diferentes manifestaciones según los dogmas y prácticas de religiosidad de cada contexto; pueden ser objetos donados, oraciones, bailes u otro tipo de actos. A pesar de no ser una práctica que forme parte del dogma católico, la donación de exvotos a sus templos y capillas es muy común en el catolicismo desde el principio de su historia y, comúnmente, cumplen la necesidad de contar o revelar las historias de milagros obtenidos por santos, mártires, la Virgen o el mismo Jesucristo. Es muy común que se trate de donaciones de objetos que pueden ser desde medallas pequeñas, pasando por cuadros o composiciones plásticas de todas formas, tamaños y calidades, hasta la construcción de inmuebles en favor de la Iglesia; es muy común que los exvotos, a través de representaciones pictóricas, incluyan una narración, breve o extensa, de los hechos milagrosos y las plegarias elevadas previamente que motivaron la donación del mismo. La práctica de donar una pieza plástica se popularizó en diferentes reinos italianos durante el siglo XV y hasta ahora existen en todo el mundo católico, narrando muy comúnmente tragedias de dolor, riesgo de muerte, enfermedades, accidentes e injusticias, por lo que su estudio suele resultar muy ilustrativo para entender los diferentes contextos en donde fueron producidos.
Durante el periodo del México independiente conocido como la Reforma, se promulgaron diversas leyes que buscaban debilitar el poder de la iglesia por el fortalecimiento del estado laico, entre ellas, destacamos a la «Ley Lerdo» o «Ley de Desamortización de Fincas Rústicas y Urbanas Propiedad de Corporaciones Civiles y Eclesiásticas», que fue expedida el 25 de junio de 1856 y que obligaba a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender casas y terrenos, además de que permitía al Estado la expropiación (que incluía el pago de una indemnización) de bienes inmuebles que eran propiedad de dichas corporaciones. Como consecuencia de esta «fobia liberal reformista», como la define el historiador Rafael Montejano y Aguiñaga, por órdenes del gobernador del estado de San Luis Potosí, Jesús González Ortega, comenzó la demolición de la iglesia, hospicio y convento de la Merced, quedando por un breve periodo un terreno baldío en el que apareció un tianguis callejero, que años después se convirtió en un mercado.

Reloj en el Jardín Colón de la ciudad de San Luis Potosí, México.
Con la posterior tendencia de modernización impulsada por los Científicos, quienes definían tendencias y proyectos civiles durante el periodo conocido como Porfiriato, se comenzó a construir una calzada moderna que atravesaba (y aún hoy lo hace) el terreno en donde anteriormente se encontraba el templo, hospicio y convento de la Merced. Hoy se le conoce como Calzada de Guadalupe y es el andador más grande de Latinoamérica. En realidad este andador está conformado por tres diferentes tramos peatonales; comienza al norte desde el Mercado Hidalgo, en donde el andador se conoce como calle peatonal Miguel Hidalgo, que llega hasta la Plaza de Armas de la ciudad; tras cruzar esta plaza, la calle peatonal se llama Ignacio Zaragoza y, a partir del punto exacto en donde se encontraba el templo, hospicio y convento de la Merced, comienza el andador moderno conocido propiamente como Calzada de Guadalupe, que corre paralelo a la calle Benito Juárez, hasta llegar, en su extremo sur, al Santuario y Basílica de Guadalupe. En total, este conjunto suma 3 kilómetros que muchas personas recorren diariamente y, sobre todo, se utiliza para múltiples peregrinaciones al mencionado santuario y basílica.
Por este mismo impulso de modernización, en los terrenos que quedaban baldíos se comenzó a construir un jardín en 1883, que fue inaugurado en 1886 y denominado Plaza Colón a partir de octubre de 1892 (actualmente se le conoce como Jardín Colón), con motivo de la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América. Al centro del jardín se encuentra un reloj de cantera que fue un obsequio que hizo la colonia española de San Luis Potosí a la ciudad, se instaló en 1910 con motivo de las fiestas del Centenario de la Independencia. El reloj está protegido por un rosedal de cantera. Entre 1926 y 1927 se construyó la balaustrada de concreto que soporta el remate de un parapeto de balcones y terrazas, en donde se encuentra el único pozo artesiano cuadrado de la ciudad. Años después, en 1953, se llevó a cabo una remodelación para mantenerse desde entonces como hoy lo conocemos. En otra parte del terreno que formaba parte del conjunto mercedario, en el año 1891 se inauguró un mercado que, tras múltiples remodelaciones realizadas a lo largo del siglo XX, hoy se llama Mercado Tangamanga; sin embargo, y a pesar de que muchos potosinos ignoran la historia que aquí se cuenta, este mercado es comúnmente conocido hasta nuestros días como Mercado de la Merced.

Candil en forma de barco, ubicado en el crucero interior del Templo de San Francisco, San Luis Potosí, México.
Las especulaciones sobre el destino, no sólo de los candiles de cristal, sino de muchas obras artísticas y materiales que formaban parte de las construcciones mercedarias, comenzó prácticamente desde el momento de su demolición. Por ejemplo, el historiador Manuel Muro, quien fue testigo ocular de la misma, escribió al respecto que «de la enorme cantidad de materiales se hizo, como vulgarmente se dice, cera y pabilo, pues todo el que tenía alguna amistad con las autoridades, obtenía permiso para disponer de lo que quería». La percepción social que se refleja en dicha cita, causó que se comenzara a especular que muchas piezas de valor de estas construcciones habían sido hurtadas y utilizadas por los poderosos de la ciudad para adornar sus propiedades, incluido el supuesto tercer candil del tan referido exvoto.

Candil en forma de barco, ubicado en el crucero interior del Santuario y Basílica de Guadalupe, San Luis Potosí, México.
Sobre los dos candiles en forma de barco que aún existen, sabemos que uno de ellos fue donado al entonces Santuario de Guadalupe y, el otro, al Templo de San Francisco, en donde permanecen hasta el día de hoy, ambos ubicados en el crucero interior de los dos templos. Sin embargo, aún perviven las especulaciones sobre el supuesto tercer barco; hay quienes aseguran que en tiempos recientes lo han observado en el interior de la propiedad de un exgobernador potosino, pero ninguna de estas anécdotas incluyen pruebas o referencias verificables, además de que esta misma narración se cuenta desde hace más de un siglo, cambiando solamente el nombre del supuesto exgobernador propietario de tal ornamento, considerado demasiado suntuoso para una propiedad privada, por lo que esto permanece como una especulación que resulta morbosa y pícara para compartir entre la sociedad, como una estrategia de resistencia que nombra siempre a un personaje público considerado deshonesto por un sector de la sociedad potosina.
Ahora bien, estos candiles han sido también inspiración para la creación artística, como lo demuestra el poema con el que cerramos este trabajo, autoría del poeta zacatecano Ramón López Velarde, quien estudió y estuvo avecindado en la ciudad de San Luis Potosí durante su formación profesional, quien escribió este hermoso texto que es muestra de que la gran belleza de estos ornamentos en forma de carabelas de cristal ha causado especulación, admiración y sorpresa a quienes los conocen.
El candil
Ramón López Velarde
He descubierto mi símbolo
en el candil en forma de bajel
que cuelga de las cúpulas criollas,
su cristal sabio y su plegaria fiel.
¡Oh candil, oh bajel,
frente al altar cumplimos en dúo recóndito
un solo mandamiento: venerar!
Candil que vas como yo,
enfermo de lo absoluto,
y enfilas la experta proa
a un dorado archipiélago sin luto;
candil, hermético esquife,
mis sueños recalcitrantes
enmudecen cual un cero
en tu cristal marinero,
inmóviles, excelsos y adorantes.

Candil en forma de barco, ubicado en el crucero interior del Templo de San Francisco, San Luis Potosí, México.
Referencias:
Cronologías SLP (s.f.). «1681 Templo de La Merced». Cronologías San Luis Potosí. Disponible en: http://cronologiassanluispotosi.com/1681-templo-de-la-merced.html
Galván Arellano, Alejandro (1999). Arquitectura y Urbanismo en la Ciudad de San Luis Potosí en el siglo XVII. San Luis Potosí: Facultad del Hábitat, Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
Gamboa, Jonatan (2022). «Un búho en el centro de la ciudad». Narratero. Disponible en: https://jonatangamboa.wordpress.com/2022/02/09/un-buho-en-el-centro-de-la-ciudad/
Méndez, Karina (2019). «La Merced, una joya arquitectónica perdida». Quadratin San Luis Potosí. Disponible en: https://sanluispotosi.quadratin.com.mx/san-luis-potosi/la-merced-una-joya-arquitectonica-perdida/
México Desconocido (s.f.). «La Carabela de cristal. Un exvoto único en México». México Desconocido. Disponible en: https://www.mexicodesconocido.com.mx/la-carabela-de-cristal-un-exvoto-unico-en-mexico.html
Montejano y Aguiñaga, Rafael (1995). Del viejo San Luis: Tradiciones, leyendas y sucedidos, San Luis Potosí: Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
Secretaría de Cultura (2019). «Exvotos; la materialización de la fe en la cultura popular». Secretaría de Cultura. Gobierno de México. Disponible en: https://www.gob.mx/cultura/articulos/exvotos-la-materializacion-de-la-fe-en-la-cultura-popular
Varios (2022). «Recopilación de anécdotas y referencias en redes sociales». Jonatan Gamboa (Facebook). Disponible en: t.ly/40-i
Jonatan Gamboa (San Luis Potosí, 1980) es un narratero que profesionalmente es historiador, escritor, editor y músico. Actualmente es tutor y profesor de cátedra en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus San Luis Potosí, así como responsable de actividades académicas y profesor de cátedra en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Es Maestro en Historia por El Colegio de San Luis y Licenciado en Ciencias Históricas por la Escuela de Educación Superior en Ciencias Históricas y Antropológicas de la Fundación Eduard Seler. Tiene estudios universitarios en la Licenciatura en Letras Españolas en la Universidad de Guanajuato, en la Especialidad en Historia del Arte Mexicano en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y en el Doctorado en Humanidades en la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa. Como docente, tiene más de veinte años de experiencia impartiendo cursos para niveles de bachillerato, licenciatura y maestría, en las áreas de ciencias sociales, humanidades, derechos humanos, creación literaria y literatura. Como investigador se inscribe dentro de las líneas de Historia del Arte Mexicano e Historia de la Educación, ambas en la primera mitad del siglo XX. Es autor, editor y coordinador de varios libros y ha sido publicado como autor de textos literarios y académicos en revistas, libros colectivos y antologías.