Hay derrotas que duelen por el marcador, otras por la forma en que se pierde. La del sábado ante Chivas pertenece, sin duda, a las segundas.
Atlético de San Luis ofreció una actuación pobrísima frente al Guadalajara. Un equipo sin respuestas, sin concentración y, por momentos, completamente desbordado. El propio Diego Mejía reconoció que fueron los peores primeros 45 minutos de su equipo en lo que va del torneo. Yo iría un poco más allá: fue, probablemente, el peor partido del Atlético de San Luis en todo el año.
Lo preocupante no fue solamente caer 3-0. Lo verdaderamente alarmante fue la manera en que se construyó la derrota.
La defensa potosina parecía jugar a otro ritmo. Desatenciones, espacios enormes, errores individuales y una falta de concentración que resulta difícil de explicar en un equipo profesional. Algunas equivocaciones fueron de esas que uno espera ver en el futbol amateur, no en una escuadra que compite en la máxima categoría del futbol mexicano.
Fue un verdadero caos.
Y mientras Chivas aprovechaba cada desconcentración, San Luis era incapaz de reaccionar. No había generación de futbol, tampoco contundencia y mucho menos capacidad para cambiar la dinámica de un encuentro que prácticamente quedó definido desde la primera mitad.
Entonces viene la pregunta inevitable: ¿se acabó el torneo para Atlético de San Luis?
Por números, todavía no.
El conjunto potosino se encuentra en la antepenúltima posición, pero la distancia con la zona de calificación es de apenas cuatro puntos. Estamos entrando prácticamente a la mitad del torneo y, en un futbol tan irregular como el mexicano, esa diferencia todavía puede remontarse.
El problema es que los números no cuentan toda la historia.
Lo que se está viendo dentro de la cancha sí genera preocupación. Atlético de San Luis es, hasta ahora, uno de los equipos que muestran un nivel deportivo más bajo. Santos Laguna, aunque parece haber encontrado cierta mejoría, también atraviesa dificultades; y un escalón —o varios— por debajo aparecen los Bravos de Juárez.
Pero San Luis tiene algo que esos equipos también tienen: tiempo para reaccionar.
La cuestión es si tendrá la capacidad de hacerlo.
Porque una cosa es perder y otra muy diferente es mostrar señales de que no existe una respuesta futbolística. Atlético necesita recuperar orden, concentración, intensidad y, sobre todo, confianza. No puede darse el lujo de regalar partidos desde los primeros minutos y después pretender que un cambio de actitud resuelva todo.
Diego Mejía tendrá mucho trabajo.
Y no solamente en el aspecto táctico. Tendrá que recuperar mentalmente a un grupo que, después de algunos resultados positivos, volvió a mostrar la fragilidad que lo ha acompañado durante buena parte del torneo.
La buena noticia es que el futbol mexicano permite milagros. Un par de victorias consecutivas pueden cambiar por completo el panorama de un equipo. Cuatro puntos parecen pocos cuando todavía quedan jornadas por disputar.
Pero también hay una advertencia: los milagros no ocurren por sí solos.
Atlético de San Luis necesita provocarlo.
Necesita dejar atrás el partido contra Chivas, pero también aprender de él. Porque si vuelve a cometer los mismos errores, si continúa regalando goles y si mantiene esa inoperancia futbolística, entonces sí habrá que empezar a hablar de un torneo prácticamente perdido.
Por ahora, no hay que tirar la toalla, pero tampoco hay que engañarnos.
San Luis está vivo, sí.
Pero después de lo visto el sábado, la pregunta ya no es si puede calificar; la pregunta es si realmente tiene futbol para hacerlo.
Y esa respuesta, por ahora, sigue pendiente.
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