Adiós al malinchismo 

Por

Elsa Carrera

- lunes, mayo 18 de 2026

Conforme ciertas zonas urbanas se vuelven atractivas para visitantes extranjeros con ingresos en dólares o euros, los precios comienzan a ajustarse a esa capacidad de consumo y no a los salarios locales. El problema no se limita a la vivienda. También afecta cafeterías, foros, bares, galerías y espacios independientes que históricamente funcionaron como puntos de encuentro accesibles para comunidades artísticas, estudiantiles, disidentes o de trabajadores jóvenes. 

Esto produce una forma de desplazamiento gradual. Muchas personas no abandonan necesariamente sus barrios de inmediato, pero sí dejan de acceder a determinados espacios porque consumir en ellos se vuelve insostenible.

El caso permite evidenciar cómo los espacios culturales independientes comienzan a posicionarse explícitamente y plantean una crítica directa a un modelo de consumo incluso en su carta, promoviendo a la Cooperativa Pascual sobre la multinacional Coca-Cola, así como dar prioridad a más artistas nacionales y locales sobre extranjeros.

La organización colectiva resulta relevante porque permite que los espacios independientes dejen de competir aisladamente por sobrevivir dentro de una economía cada vez más orientada al turismo y al consumo extranjero. Cuando proyectos culturales, artistas, trabajadores y comunidades empiezan a posicionarse en conjunto, el debate deja de centrarse únicamente en decisiones individuales y comienza a señalar problemas estructurales como la especulación inmobiliaria, la desigualdad salarial y la privatización progresiva de la vida urbana.

Casos como Club Japan muestran que asumir una posición pública y construir redes de apoyo entre comunidades que están siendo afectadas por las mismas condiciones económicas, si hace la diferencia.

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Por: Elsa Carrera