Entre el Olimpo y las protestas sociales: ¿qué relación tienen la pobreza, la violencia estructural y la paz?

Autora: Doctoranda Urapiti Paloma Castillo Moctezuma

Por

Redacción

- viernes, octubre 30 de 2026

La mitología grecorromana, con el simbolismo de un panteón de dioses que habitan el Olimpo, presenta un conjunto de relaciones de alianzas, conflictos y guerras, cargadas de símbolos que más tarde se convertirían en arquetipos. Además de los dioses principales que se encontraban en el Olimpo, existen diosas como las Horas, las tres hijas de la titánide Temis y Zeus, representantes de la ley universal y el rey de los dioses, respectivamente. Las Horas son: Eirene, quien representa la paz; Dice, quien representa la justicia, y Eunomía, quien representa el buen orden y el gobierno.

La paz, la justicia y el buen orden, representados por Eirene, Dice y Eunomía, se presentan para mantener la prosperidad de los pueblos, siempre y cuando: a) se trate de un periodo ganado después de la lucha; b) sea otorgado a los ganadores como recompensa para su florecimiento, y c) los dioses poderosos así lo hayan otorgado. En presencia de las Horas, los pueblos pueden desarrollarse, tener cosechas que no son destruidas por la guerra y vivir seguros, sin violencia, mientras la ley vuelve a ser respetada.

Johan Galtung (1990), líder de los Estudios de Paz, señala que la pobreza constituye situaciones de exclusión de grandes sectores de la población del ejercicio de sus derechos humanos y del reconocimiento de su dignidad; asimismo, identifica cuatro necesidades básicas: de supervivencia, de bienestar, identitarias y de libertad. Esto lleva al desarrollo del concepto de violencia estructural como una privación de los derechos que afecta la búsqueda de la felicidad o eudaimonia, lo que significa limitar las potencialidades mentales y somáticas de la vida. Por ejemplo, cuando se acorta la vida por falta de acceso a la salud y a los servicios, aun cuando es posible tenerlos; o cuando un grupo monopoliza los recursos, lo que genera violencia.

Es por ello por lo que la paz y la pobreza van de la mano, pues la paz necesita comunidades que puedan desarrollar sus potencialidades gracias al acceso a la justicia, al ejercicio de sus derechos y a un buen gobierno.

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