Comienza la era de Rafa Márquez al frente de la Selección Mexicana y, por ahora, el arranque está lejos de ser el esperado.
Tres partidos disputados y ninguna victoria: dos empates, ante Colombia y Perú, y una dolorosa derrota frente a Estados Unidos por 3-0. Más allá del resultado, lo preocupante es la manera en que el Tricolor terminó cayendo ante el conjunto de las barras y las estrellas.
Errores puntuales, desconcentraciones y fallas que parecían impropias de una selección que pretende competir al más alto nivel terminaron por sepultar el partido. Frente a Estados Unidos, México volvió a mostrar una versión que parecía haber quedado atrás: un equipo sin respuestas, sin contundencia y, por momentos, sin alma.
Y entonces surge inevitablemente la pregunta: ¿Rafa Márquez es el técnico ideal para la Selección Mexicana?
El nombre de Márquez pesa. Su trayectoria como futbolista, su liderazgo dentro de la cancha y la autoridad que construyó durante años con el Tricolor son indiscutibles. Pero una cosa es ser líder dentro del terreno de juego y otra muy distinta tomar decisiones desde el banquillo.
Ahí es donde comienza el verdadero desafío.
Porque dirigir a la Selección Mexicana no solamente implica conocer el futbol o tener ascendencia sobre los jugadores. También significa encontrar rápidamente una identidad, convencer al grupo y conseguir que el equipo responda cuando llegan los partidos importantes.
Y, hasta ahora, esa identidad no termina de aparecer.
Hace apenas unos meses hablábamos de un México capaz de jugar con mayor alegría, verticalidad y determinación. Hoy, esas demostraciones parecen cada vez más lejanas. El recuerdo del buen futbol mostrado en el Mundial comienza a quedar precisamente en eso: un recuerdo.
Pero ahora el escenario es diferente.
Ya no se trata solamente de partidos de preparación. Las eliminatorias están en el horizonte, y con el formato actual cualquier desconexión, cualquier exceso de confianza o una mala racha puede complicar el camino.
Rafa Márquez tendrá que demostrar que puede trasladar su liderazgo histórico al banquillo. Tendrá que conseguir que sus futbolistas entiendan su idea, recuperen confianza y, sobre todo, vuelvan a disfrutar dentro de la cancha.
Porque talento existe. Jugadores también.
Lo que falta descubrir es si este proyecto será capaz de convertirse en un equipo.
Tres partidos no deberían ser suficientes para dictar una sentencia definitiva sobre un entrenador, pero sí para encender las primeras señales de alerta. Y la derrota ante Estados Unidos dejó varias.
El futbol mexicano no puede vivir eternamente del recuerdo de lo que alguna vez fue. Tampoco puede confiarse porque el Mundial esté en casa.
El reto para Rafa Márquez apenas comienza.
Y la pregunta seguirá sobre la mesa: ¿estamos ante el inicio de una nueva era para el Tricolor o simplemente frente a otro proyecto que tardará demasiado en encontrar el rumbo?
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