A poco más de 300 días de que inicie la contienda electoral del 2027, se está volviendo cada vez más común observar a precandidatos (todavía precandidatos) a diversos cargos de elección popular hacer actos anticipados de campaña. No conformes los partidos políticos con las mal llamadas precampañas, que lo único que promueven es extender el proselitismo y la contaminación visual, ahora, ante los ojos de todos, pero sobre todo y más importante, a los ojos del INE, todo aquel que busque un cargo puede desde ya organizar un mitin, promover su imagen en radio, televisión y redes sociales o, mejor aún (para ellos), el ya conocido recorrido casa por casa.
Aunque las fechas marcadas por la ley electoral son claras, un año antes de que inicien los comicios ya tenemos claro, bastante claro, en el imaginario colectivo del electorado no solamente colores, escudos o eslóganes, ya nos está quedando claro cuáles serán los nombres y apellidos que aparecerán en las boletas.
Aquí el problema no es que unos se promocionen más que otros, o cierto partido en el poder tome clara ventaja sobre sus adversarios, aquí la disyuntiva real recae en que todos, absolutamente de todos colores, olores y sabores, financian sus actos de precampaña, porque eso es lo que son, con dinero del erario, de los contribuyentes, con tus impuestos y los míos.
Mientras varios de ellos, aún en funciones o con licencia, aprovechan cualquier oportunidad para acercarse a la ciudadanía como cada 3 y 6 años, llama la atención la omisión por parte del órgano electoral, que debería, por lo menos a mi parecer, hacer un llamado a la competencia limpia y parcial de todos los contendientes.
Que no nos extrañe el famoso dicho “Ya después de niño ahogado”, una vez terminados los comicios y con un claro ganador, que el Instituto Electoral se limite a sancionar con una multa económica a los partidos que hayan incurrido en estas dichosas campañas adelantadas. Algo que no modifica en lo absoluto el resultado, no representa un impacto en la correcta aplicación de la ley y no sanciona a los que violan la ley electoral.
Los partidos y los políticos deberían, con el alto presupuesto que reciben año con año, trabajar con y para la sociedad civil todos los días, un partido político es un ente que forma parte, aunque no de manera directamente, del aparato gubernamental estatal, funcionan con recursos públicos y tienen la obligación de servir, dentro de sus competencias y jurisdicciones, a los ciudadanos.
Por otro lado, a la gente, a los de a pie, nos toca ser más críticos con lo que vemos y escuchamos, con quién llega a nuestra puerta a presentarse con nosotros y ganarse de manera momentánea nuestra confianza, que aclaro, no es como que les importe mucho, pero para ellos representa una marca más sobre el logo de su nombre y su partido en la papeleta electoral.
Aunque parezca contradictorio, esto no sólo es chamba del INE, ellos son el árbitro en este partido de futbol, donde el VAR que todo lo observa no hace correctamente su trabajo, y los aficionados somos solamente eso, espectadores intentando llegar al final del juego lo menos decepcionados posible.
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René A. Peralta Acevedo es politólogo egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa. Cuenta con una maestría en Educación y Docencia, formación que complementa su perfil en el análisis político y social. Asimismo, forma parte de la Red Kybernus, iniciativa enfocada en el desarrollo de liderazgos y la participación ciudadana.