La primera novela mexicana de largo aliento que sobrevivió a una guerra y vivió para contarla

Por: Marco Antonio Chavarín González

Por

Redacción

- lunes, julio 6 de 2026

Dos de los escritores más conocidos de nuestro siglo diecinueve que combinaron su afición por la escritura con los gajes de los empresarios editores fueron Guillermo Prieto y Manuel Payno; ambos fueron editores y colaboradores de dos de las mejores revistas literarias de la primera mitad de ese siglo, El Museo Mexicano (1843-1845) y Revista Científica y Literaria de México (1845-1846). Las dos revistas, aunque de tendencia miscelánea para ampliar el rango de los posibles clientes, tenían una clara tendencia hacia lo literario, principalmente, con poesía, ensayo, relatos y novelas cortas. Payno publica en la primera la mayoría de sus novelas cortas y en la segunda el inicio de El fistol del Diablo (1845), la primera novela de folletín mexicana de largo aliento.

La pérdida total fue de, aproximadamente, 2.4 millones de kilómetros cuadrados, más de la mitad del territorio. Sin embargo, antes de esto, el inicio de las hostilidades ocasionó que Revista Científica y Literaria de México cerrara y, como consecuencia, que El fistol del Diablo, que se había estado publicando por entregas, se tuviera que suspender. Debido a ello, no se puede concluir una primera versión completa hasta 1859 y la versión definitiva hasta 1887, esta última con varios cambios significativos, entre ellos, la inclusión de algunos capítulos que profundizan en la llegada del ejército estadounidense a la Ciudad de México.

De acuerdo con la propuesta de Payno, ni la ortodoxia de los primeros ni las tendencias más deplorables de los segundos tendrían una justificación válida para la invasión y, en todo caso, de lo que dan cuenta es de una voracidad disfrazada de civilización, sustentada en el poder de las armas, del dinero y en una narrativa que busca siempre justificarlos. Lo importante, además del hecho y de lo actual de la situación (no hace falta más que ver las noticias), incluso en los personajes apátridas con mentalidad de colonizados, es la capacidad que tuvo Payno para usar, en una novela como El fistol del Diablo, aquello que en un inicio le había impedido continuar publicándola, para reponerse en unos años, convertir ese mismo impedimento en su fuerza, en su contenido, en una propuesta interpretativa del hecho histórico, y dar, al fin, una narrativa alterna. He ahí el poder de la buena ficción, cuando se sustenta en un hecho histórico que ha dejado en el imaginario colectivo del país una cicatriz que no ha podido cerrar en 180 años.

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Por: Marco Antonio Chavarín González

Profesor Investigador del

Programa de Estudios Literarios

El Colegio de San Luis, A. C.