Ser feo es hermoso, adiós Oliver Tree

Por

Orlando Tristán

- lunes, junio 15 de 2026

Pocas personas quieren ser descritas como “ridículas”. La palabra se asocia a la vergüenza, a la incomodidad o al rechazo y desde muy temprano aprendemos a identificar qué cosas pueden hacernos parecer ridículos frente a los demás. Sin embargo, la obra de Oliver Tree estaba construida alrededor de esa idea. 

Un corte de cabello poco favorecedor tipo hongo; que la mayoría odiamos en la infancia, los lentes extraños, los conjuntos deportivos de colores brillantes, una actitud exagerada difícil de ignorar. Resulta insuficiente describir su propuesta únicamente como humor o extravagancia. Lo que aparece de manera constante es una exploración de aquello que normalmente queda fuera de las categorías tradicionales del buen gusto.

Oliver Tree no intentaba embellecer lo extraño ni volverlo elegante. Su trabajo consistía en mantener visibles elementos que normalmente serían grotescos. La exageración, la torpeza, la incomodidad y el exceso aparecen como componentes centrales de su lenguaje visual.

Diversas entrevistas muestran que Tree habla de la rareza como algo que debe protegerse y no como una etapa que debe superarse. En lugar de presentar la excentricidad como un problema, la trata como una fuente de identidad.

La experiencia de sentirse extraño forma parte de la vida de mucha gente. A veces tiene que ver con la apariencia, otras con los intereses personales o con la sensación de no encajar del todo en determinados grupos. La presión por corregir esas diferencias suele aparecer mucho antes que la confianza para asumirlas.

Tal vez ahí radique el aspecto más interesante de su legado. No en haber convertido lo feo en algo bello, sino en haber cuestionado la facilidad con la que utilizamos esas categorías para definir a los demás. La rareza deja de aparecer como una falla que debe corregirse y comienza a entenderse como una expresión más auténtica de la individualidad.


Por Elsa Carrera