Después de años de frustraciones, finales perdidas y fantasmas que parecían perseguir eternamente a la afición cementera, por fin llegó la ansiada décima estrella para el Cruz Azul. La Máquina volvió a tocar la gloria y lo hizo en un torneo donde, aunque muchos dudaban de ellos, terminaron demostrando que el futbol siempre da revancha.
El conjunto celeste derrotó a unos Pumas de la UNAM que quizá merecían más por lo realizado a lo largo de la temporada regular. Los universitarios mostraron orden, intensidad y momentos de gran futbol; sin embargo, la liguilla terminó pasándoles factura. Desde aquella casi remontada del América en cuartos de final, el equipo auriazul pareció perder gasolina y terminó llegando disminuido al momento decisivo.
Pero este campeonato también tiene un ingrediente especial: el nombre de Joel Huiqui. Sí, aquel defensor recordado por la famosa “Muerthina”, que durante años fue motivo de memes y bromas en el futbol mexicano, hoy se convierte en el técnico que devolvió la gloria a Cruz Azul. El futbol tiene esas historias que parecen imposibles y que terminan convirtiéndose en relatos inolvidables.
Y qué bueno también que el título se haya quedado en manos de un entrenador mexicano. En tiempos donde pareciera que la baraja nacional pierde terreno frente a técnicos extranjeros, esta final demostró que sí hay capacidad, talento y visión desde los banquillos nacionales. Una final entre estrategas mexicanos y un campeón dirigido por uno de ellos manda un mensaje importante para el futbol del país.
La afición celeste hoy celebra con justicia. Cinco años de espera pueden parecer pocos para algunos clubes, pero para Cruz Azul cada torneo sin campeonato pesaba como una eternidad. Esta vez la historia fue distinta: la Máquina no se descarriló y terminó levantando el trofeo que tanto se le negaba.
Ahora, sin mucho tiempo para descansar, el balón sigue rodando. El Mundial está a la vuelta de la esquina y el futbol mexicano tendrá que cambiar rápidamente el chip. Pero mientras eso ocurre, el cielo es completamente celeste.
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Por: Orlando Tristán
