Después de varios torneos en los que las finales parecían carecer de ese ingrediente histórico y emocional que solo los clubes grandes pueden aportar, el futbol mexicano vuelve a encenderse con una serie que promete rating, polémica y pasión: Pumas contra Cruz Azul.
No es cualquier final. Es una inédita en torneos cortos y, además, representa la oportunidad para que uno de estos equipos termine con una larga sequía de títulos. En el caso de Pumas, la necesidad pesa más. La afición universitaria lleva años esperando volver a celebrar un campeonato y esta parece ser una oportunidad tan inesperada como emocionante.
Lo más interesante quizá no está únicamente en la cancha, sino en los banquillos. Efraín Juárez y Joel Huiqui representan una nueva generación de entrenadores mexicanos jóvenes que, lejos de los nombres de siempre, han logrado poner a sus equipos en la pelea grande. En tiempos donde muchos clubes siguen apostando por técnicos extranjeros o proyectos improvisados, esta final también se convierte en una vitrina para demostrar que sí hay capacidad nacional para dirigir en momentos importantes.
Pumas llega con dudas, pero también con carácter. No ha sido un equipo dominante en liguilla. De hecho, avanzó sin ganar ninguna serie, aprovechando su posición como líder general. Algunos dirán que ha tenido suerte; otros, que los campeones también saben sobrevivir. Lo cierto es que los universitarios han encontrado maneras de resistir y mantenerse vivos cuando parecía que estaban contra las cuerdas.
Del otro lado aparece un Cruz Azul mucho más sólido en lo futbolístico. La Máquina llega con una idea clara, con un futbol estructurado y una racha positiva que la coloca, quizá, como ligera favorita. Se nota un equipo más trabajado, más equilibrado y con menos presión emocional que en otras ocasiones donde la historia le terminaba jugando en contra.
Sin embargo, las finales no entienden de estadísticas ni de lógica. Se juegan distinto. La presión, la experiencia y el manejo emocional pesan tanto como el talento. Y ahí es donde ambos clubes tienen cuentas pendientes con su historia reciente.
Esta final tiene todos los ingredientes que necesitaba la Liga MX: dos equipos populares, dos aficiones intensas, dos técnicos mexicanos y una deuda histórica que alguien tendrá que saldar. Pase lo que pase, el futbol mexicano gana con una serie que vuelve a poner a los grandes en el escenario principal.
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Por: Orlando Tristán
