Las ciudades, al igual que las personas, poseen una identidad que no es estática, sino que se transforma bajo el peso de la historia y las necesidades de su tiempo. San Luis Potosí es un ejemplo vivo de esta metamorfosis. Quienes recorremos sus calles y estudiamos su pulso entendemos que nuestra capital no ha sido una sola, sino muchas. Hoy nos encontramos en un punto de inflexión donde las viejas etiquetas de “ciudad industrial” o “centro de servicios” ya no bastan para contener los retos del siglo XXI. Estamos ante el nacimiento de una nueva vocación, aún en proceso de definición, que debe tener como eje central la sustentabilidad.
Para entender hacia dónde vamos, es imperativo reconocer de dónde venimos. La génesis de San Luis Potosí fue el destello del metal. Nacimos como una ciudad minera, una formación urbana supeditada a la riqueza del Cerro de San Pedro. Aquella vocación extractiva no solo moldeó nuestra traza urbana y nuestras plazas, sino también una mentalidad de bonanza y esfuerzo frente a la adversidad del semidesierto.
Con el tiempo, la posición estratégica en el mapa nacional nos convirtió en una ciudad de comercio. El paso obligado entre el centro y el norte del país transformó nuestras dinámicas; San Luis se volvió el gran escaparate y el punto de encuentro de mercancías e ideas. A esta etapa le siguió, de manera natural, la consolidación de una ciudad de servicios, donde la educación, la salud y la administración pública fortalecieron nuestra identidad como un polo regional de bienestar.
Sin embargo, el cambio más drástico del siglo pasado ocurrió con la llegada de los grandes parques industriales. San Luis Potosí se transformó en la ciudad industrial por excelencia, integrándose a las cadenas globales de valor, especialmente en el sector automotriz. Esta vocación trajo consigo crecimiento económico, empleo y una modernización acelerada, pero también nos heredó una factura ambiental y social que hoy ya no podemos ignorar. El modelo de crecimiento infinito en un territorio de recursos finitos ha llegado a su límite.
Actualmente, el aire que respiramos y el agua que escasea en nuestras llaves son recordatorios de que la “ciudad industrial” debe evolucionar. No se trata de renunciar al progreso, sino de redefinirlo. Estamos ante la transición hacia un nuevo tipo de ciudad; eso es evidente e innegable. Si bien esta nueva identidad aún no tiene un nombre definitivo, el apellido es innegociable: debe ser sustentable.
Una San Luis Potosí sustentable no es simplemente una ciudad con más parques o ciclovías; es un ecosistema urbano que entiende su fragilidad hídrica y climática. La nueva vocación debe ser la de una “ciudad regenerativa”. Esto implica que nuestras industrias no solo consuman, sino que circulen sus recursos; que nuestro urbanismo no segregue, sino que integre; y que nuestra economía deje de medir el éxito únicamente en toneladas de acero o número de motores, para medirlo en calidad de vida y salud ecosistémica.
El discurso que hoy nos convoca no es solo una mirada nostálgica al pasado minero o una celebración del presente fabril. Es un llamado a la acción política, social y empresarial. La transición hacia esta nueva ciudad requiere de una voluntad política que trascienda los periodos de gobierno y de una ciudadanía que reclame su derecho al futuro.
San Luis Potosí tiene la resiliencia en su ADN. Así como supimos pasar de la mina al mostrador, y del mostrador a la línea de ensamblaje, hoy tenemos la capacidad de liderar la vanguardia de las ciudades sustentables en México. El “nuevo San Luis” debe ser aquel donde la innovación tecnológica se use para sanar nuestro entorno, donde la movilidad sea un derecho y no un privilegio, y donde el desarrollo no comprometa la supervivencia de las próximas generaciones.
Estamos en el umbral de una nueva era. Definir esta nueva vocación es la tarea colectiva más importante de nuestra generación. El momento de elegir qué tipo de ciudad queremos ser no es mañana; es hoy, mientras todavía tenemos el tiempo y la voluntad para construirla.
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Por: David Eduardo Vázquez Salguero
Presidente de El Colegio de San Luis.
