Atlético de San Luis cerró su participación en casa con una victoria ante Santos Laguna, un resultado que maquilla ligeramente un año futbolístico complicado, pero que difícilmente borra las sensaciones negativas que dejó el equipo durante los últimos dos torneos.
Porque más allá de sumar tres puntos en el cierre, la realidad es que el conjunto potosino vivió meses marcados por la irregularidad, la falta de rumbo y una evidente crisis institucional. No se trata solamente de resultados en la cancha, sino de decisiones fuera de ella que terminaron pesando demasiado. La dirección deportiva encabezada por Guillermo Abascal fue sostenida hasta casi el final del torneo, pese a señales claras de desgaste y una gestión que nunca logró convencer.
El problema de San Luis no fue únicamente perder partidos; fue transmitir la sensación de que nadie tenía claro hacia dónde iba el proyecto. Cuando un club entra en esa dinámica, cada jornada se vuelve un parche y cada victoria apenas sirve para tapar grietas más profundas.
También hay que decirlo: el contexto de la tabla ayudó. Equipos como Santos, Puebla y Mazatlán atravesaron campañas igual o más pobres, lo que evitó que la crisis potosina luciera todavía más grave. En otra circunstancia, la presión habría sido mucho mayor.
Sin embargo, entre tantas dudas apareció una certeza: Joao Pedro. El delantero italo-brasileño fue, sin discusión, la gran noticia positiva del torneo. Mostró instinto goleador, movilidad, personalidad y ese olfato que escasea en el futbol mexicano. En un equipo que generó poco, él encontró la manera de marcar diferencia. Si mantiene el ritmo, no sería extraño verlo pelear —o incluso repetir— el título de goleo.
Y ahí surge otro reto para la directiva: retener talento. En clubes como San Luis, cuando aparece un jugador desequilibrante, la tentación de vender suele llegar rápido. Pero si de verdad se quiere construir algo serio, mantener a sus piezas clave debe ser prioridad.
Hoy se cierra el telón en casa, sí. Pero lo verdaderamente importante empieza ahora. Vienen semanas de decisiones que definirán si este club aprendió de sus errores o si volverá a navegar en la improvisación.
San Luis necesita una limpia inteligente, no impulsiva. Necesita continuidad en lo que funciona y valentía para cortar lo que estorba. Porque la afición merece más que temporadas grises maquilladas con un triunfo final. Merece un proyecto digno de competir.
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Por: Orlando Tristán
