El fanatismo contemporáneo puede entenderse como una forma de religiosidad que mantiene prácticas, símbolos y formas de comunidad. En lugar de instituciones religiosas, aparecen figuras culturales que concentran atención, interpretación y sentido, donde los artistas ocupan ese lugar.
Las plataformas como Spotify o TikTok han intensificado esta dinámica. No solo distribuyen música, sino que sostienen una relación constante con el artista. Escuchar un álbum en su estreno, repetir canciones hasta posicionarlas en rankings o defender ciegamente al artista en redes son prácticas que funcionan como rituales.
Recientemente, el 20 de octubre de 2025, Rosalía convocó a sus seguidores en la Plaza del Callao de Madrid para presentar LUX. El anuncio ocurrió apenas una hora antes, a través de un directo en TikTok. Aun así, miles de personas se movilizaron de inmediato hacia el centro de la ciudad, provocando el colapso del tráfico en la Gran Vía y la intervención policial. A las 22:00, las pantallas activaron una cuenta regresiva que culminó con la revelación de la portada del álbum. La artista apareció brevemente conduciendo un Nissan GTR blanco, vestida también de blanco, saludó desde el vehículo y desapareció corriendo entre la multitud hasta el Hotel Capitol.

En este caso, el uso de símbolos religiosos no es decorativo ni aislado, sino estructural dentro de LUX (2025). El propio título remite al latín “luz”, asociado históricamente con iluminación espiritual. El álbum está construido a partir de referencias directas a santas y en la portada Rosalía aparece vestida con un hábito blanco similar al de una monja. De la misma forma, el formato físico del álbum, especialmente el vinilo desplegable, organiza una composición en forma de cruz.

Más allá de la imagen, hay una declaración explícita de intención: la propia artista ha señalado que el proyecto está vinculado a su relación con Dios y a una exploración de la espiritualidad como experiencia personal y estética. Ya en 2011, Rosalía realizó el Camino de Santiago, peregrinación hacia la catedral de Santiago de Compostela en Galicia, España, para pedirle éxito en su carrera.
LUX claramente toma elementos del cristianismo —iconografía, figuras de santidad, lenguaje — y los reorganiza dentro de una lógica artística y comercial. Esto permite que lo sagrado circule en un formato accesible y consumible globalmente.
M.I.A. introduce otro tipo de relación con lo religioso, en M.I.A.7 (MI7) (2026)https://www.youtube.com/watch?v=UwaRUjf1Ztw&list=OLAK5uy_m-iruH2xROO3wgV0W5Z-0yPyFq2pnFyNk, un álbum recién estrenado que continúa una línea donde la espiritualidad se mezcla con política, conspiración y experiencia personal. Parte de este enfoque se conecta con su propia declaración de conversión al cristianismo, afirmando haber tenido una visión de Jesucristo y adoptando esa fe desde 2017. La recepción del álbum no puede separarse de la polémica reciente con Rosalía. M.I.A. acusó públicamente que la estética religiosa utilizada por Rosalía era superficial.
En sus declaraciones, el punto central fue la forma en que la industria amplifica la devoción hacia un artista y silencia a otra, desplazando la discusión hacia una crítica estructural del mercado cultural que promueve ídolos “falsos”construyendo cámaras de eco a través de los medios masivos y plataformas sociales.
Finalmente, hay una diferencia importante en la forma en que se vive esta “nueva religión”. Mientras que las religiones tradicionales suelen orientarse hacia un fin trascendente, el fanatismo cultural contemporáneo se centra en la experiencia, una búsqueda constante de momentos significativos.
Así, el fanatismo no reemplaza completamente a la religión, pero sí cumple funciones similares en un entorno distinto. La diferencia no está en la desaparición de lo sagrado, sino en su reubicación en estos tiempos llenos de tensiones e incertidumbre global. En lugar de preguntarse si Dios está de moda, quizá lo que cambia no es la necesidad de creer, sino los objetos en los que decidimos hacerlo.
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Por: Elsa Carrera
