Sobre la utilidad de la literatura

Por: Marco Antonio Chavarín González

Por

Redacción

- jueves, febrero 12 de 2026

En 1869, el reconocido escritor decimonónico Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893), parte integral de la generación de autores que sobresalió durante la República restaurada (1867-1874) con novelas como Clemencia (1869) o Navidad en las montañas (1871), publica Revistas Literarias de México (1821-1868); es ahí, donde señala que la novela se había vuelto “el mejor vehículo de propaganda”, razón por la cual señala que desde entonces tenía la misma importancia social que el “periodismo, el teatro”, la creación de nuevas fábricas e industrias, el telégrafo y los trenes y barcos de vapor. Todo esto, pues, según Altamirano (1869), la novela había contribuido, como la educación, a “la mejora de la humanidad” y disminuido la diferencia entre las distintas clases sociales.

Esta idea de que la literatura es la “expresión del estado de civilización de un pueblo”, que José Tomás de Cuéllar (1830-1894) también había esgrimido desde San Luis Potosí, a través de su revista La Ilustración Potosina ya en 1869, da cuenta de dos cosas para la intelectualidad de 1884: 1) que para que un país se considerara como civilizado debía tener su literatura y 2) que México ya la tenía en 1884, “aunque no tan rica como la de otras muchas naciones más avanzadas en la evolución”. Esto quiere decir que el camino que había iniciado con el intento de crear una literatura mexicana en 1836, con la Academia de letrán, se había alcanzado para 1884 y que Gutiérrez Nájera era uno de los primeros escritores en notarlo y dejar constancia de ello, ya desde un contexto como el Porfiriato (1876-1911), periodo durante el cual nace lo que se conoce en literatura como modernismo, cuya tendencia es perceptible, al menos en la prosa, entre 1876 y 1882, a través de Gutierrez Nájera y de José Martí, quien vivió en México entre 1875 y 1877.

Con todo esto sólo quiero recordar que el primer paso para interpretar adecuadamente un texto de ficción, sea en el siglo xix o en el xxi, es siempre entenderla como tal y como parte de un discurso a favor de una idea; por lo mismo, en algunos casos, reconocer que detrás de un estudio histórico, como de una película o de un breve artículo como éste y hasta de un reportaje o de una crónica, incluso de una noticia, hay un intento de convencernos de algo, es, a su vez, también el primer paso para, de manera consciente, decidir o no aceptar la propuesta. He ahí parte de lo que ha buscado la literatura desde sus inicios, ese potencial que reconocieron nuestros escritores del siglo xix, y parte de su utilidad actual. Leamos, pues, e interpretemos, pero con cuidado, y no nos olvidemos de las enseñanzas de nuestro siglo xix.

Por: Marco Antonio Chavarín González
Profesor Investigador del
Programa de Estudios Literarios
De El Colegio de San Luis