San Luis Potosí, S.L.P., lunes 2 de noviembre de 2026.- El pan de muerto ocupa un lugar especial en las ofrendas mexicanas, donde se coloca para recibir simbólicamente a los seres queridos fallecidos. Detrás de su sabor y sus adornos existe una historia de intercambio cultural y transformación que dio origen a distintas preparaciones en el país.
De acuerdo con especialistas de la UNAM, su origen tiene distintas explicaciones históricas y no corresponde a una receta prehispánica que haya permanecido intacta. Su elaboración reúne la tradición panadera europea, incorporada tras la llegada de los españoles, y las prácticas de ofrenda a los difuntos que evolucionaron en México.
En su versión redonda más conocida, la forma circular se interpreta como el ciclo de la vida y la muerte. La pequeña esfera superior representa el cráneo, mientras que las tiras de masa conocidas como canillas simbolizan los huesos; algunas interpretaciones también las relacionan con las lágrimas derramadas por quienes fallecieron.
Sin embargo, el pan de muerto cambia según las costumbres de cada región: existen piezas con figuras humanas, animales, flores y otros diseños. Esta diversidad refleja las distintas maneras en que las comunidades recuerdan a sus difuntos y mantienen una tradición que reúne alimento, afecto y memoria.