Cdmx., sábado 21 de febrero de 2026.- La icónica saga The Legend of Zelda celebra este mes su 40 aniversario, consolidándose como una de las franquicias más influyentes y queridas en la historia de los videojuegos. Más allá de su legado comercial, la serie es considerada por especialistas y aficionados como una experiencia atemporal que ha sentado las bases de numerosos títulos modernos y ha evolucionado hasta convertirse en un fenómeno cultural global.
Desde su debut en 1986, la franquicia ha crecido hasta abarcar 21 entregas principales, múltiples spin-offs y una próxima adaptación cinematográfica que ha generado altas expectativas entre los seguidores. Sin embargo, a pesar de su larga trayectoria, el primer juego de la saga no ocupa el inicio cronológico dentro de la línea temporal oficial establecida por Nintendo.
Cronología oficial y debate entre fans
En 2011, con la publicación del libro Hyrule Historia, Nintendo presentó una cronología oficial con el objetivo de aclarar años de especulación entre los fans sobre la conexión temporal entre los juegos. Lejos de resolver el debate, la propuesta intensificó las discusiones: mientras algunos la consideran definitiva, otros la ven como evidencia de la flexibilidad narrativa de la saga.
Expertos señalan que el verdadero valor de Zelda no reside en su coherencia cronológica, sino en su naturaleza cercana al folclore moderno: relatos que se repiten, se reinterpretan y se adaptan a distintas generaciones. Esta estructura permite variaciones narrativas sin perder sus elementos esenciales, como el héroe que reúne reliquias para derrotar al mal y restaurar el equilibrio del mundo.
Un folclore moderno en formato de videojuego
A diferencia del folclore tradicional, cuyos relatos se transmiten oralmente, Zelda tiene orígenes documentados y se distribuye a través de un medio aparentemente rígido: el software. No obstante, su narrativa fragmentada, los saltos temporales y la reencarnación de personajes han permitido que la saga funcione como un tapiz de historias interconectadas, comparable a las leyendas del Rey Arturo o Robin Hood, donde las variaciones enriquecen el mito.
Ejemplos claros de esta flexibilidad narrativa incluyen la división de líneas temporales tras The Legend of Zelda: Ocarina of Time, así como la ubicación de The Legend of Zelda: Breath of the Wild miles de años después de otras entregas, sin una explicación detallada de los eventos intermedios.
Creatividad a través de la variación
Parte del éxito sostenido de la franquicia radica en su capacidad de reinventarse. Cada nuevo título presenta cambios radicales en estilo, mecánicas y ambientación, mientras conserva estructuras narrativas familiares. Este equilibrio permite que los juegos se perciban menos como secuelas directas y más como rituales narrativos que conectan generaciones de jugadores.
Elementos recurrentes, como templos, reliquias y héroes reencarnados, funcionan como puntos de unión entre historias que, aunque inconsistentes en detalles, mantienen una esencia compartida. Esta flexibilidad ha permitido que la saga permanezca relevante durante cuatro décadas.
Una leyenda viva en la era de la optimización
En un contexto cultural que privilegia la coherencia y la organización, el afán por encajar Zelda en una línea temporal estricta refleja tendencias modernas como la “optimización” del consumo cultural y el control del canon por parte de comunidades de fans. Sin embargo, especialistas coinciden en que el debate y la reinterpretación son precisamente los elementos que mantienen viva una leyenda.
A 40 años de su nacimiento, The Legend of Zelda demuestra que la permanencia de una historia no depende de su perfección cronológica, sino de su capacidad para adaptarse, inspirar y ser reinterpretada. En un mundo que busca certezas, la saga sigue recordando que las leyendas sobreviven gracias a sus variaciones, no a su rigidez.