San Luis Potosí, SLP., miércoles 31 de diciembre de 2025.– El fin de año es una de las fechas importantes que siempre huelen a reencuentro y en el Centro Histórico de la capital no es la excepción entre luces, vitrinas y el murmullo de compradores de último momento, hay una tradición que se repite con la misma fe con la que se brinda a medianoche: elegir la ropa interior con la que se recibirá el nuevo año.
No importa si fue un ciclo complicado; como dice Alejandrina Cedillo Campos, empresaria del ramo corsetero y tercera generación de comerciantes, “diciembre es diciembre”, el mes donde se mezclan la esperanza, el deseo de recuperación y las ganas de empezar de nuevo.
En su tienda, el ritual se explica color por color. El rojo ya no es solo pasión de pareja, sino empuje para los proyectos que vienen; el amarillo promete abundancia y alegría; el verde, salud; el blanco, renovación. Algunos clientes incluso optan por superponer prendas, como si quisieran blindarse de buenos augurios. “No es por broma”, insiste Cedillo, “le estás dando una instrucción a tu cerebro”, una señal simbólica que, según especialistas en comportamiento humano, refuerza la intención con la que se arranca el año.
Pero el fin de año también es coqueteo. Un estudio realizado junto con el Tecnológico de Monterrey reveló contrastes curiosos: mientras los hombres prefieren tangas, ligueros y bralets, muchas mujeres optan por prendas con copa, buscando realzar la figura. El negro se mantiene como el color favorito para regalar seguro, elegante, sensual mientras que el rojo divide opiniones. “Si no quieres fallar, el negro nunca falla”, resume la empresaria, entre encajes y vitrinas.
La crónica no estaría completa sin hablar del cuerpo. Cedillo lo dice sin rodeos: aceptarse es parte del ritual. Las tallas cambian, las etapas llegan maternidad, menopausia, transformaciones naturales y conocer el propio cuerpo es tan importante como el color elegido. Más del 80 por ciento de las mujeres no conoce su talla real, advierte, lo que puede derivar en molestias y problemas de salud. Aquí, vender es secundario; asesorar es la prioridad.
El tabú también se ha ido cayendo con los años. Antes, los hombres esperaban afuera; hoy, casi la mitad de la clientela masculina cruza la puerta, pregunta, compara y elige. La lencería dejó de ser un secreto vergonzante para convertirse en un lenguaje de comunicación en pareja y, también, en un acto personal de autoestima.
Así, entre encajes, algodones y precios para todos los bolsillos, la tradición se renueva. Porque al final, ponerse ropa interior roja, amarilla o negra no es solo seguir una costumbre: es una manera íntima de decirse a uno mismo que el año que viene merece ser vivido con deseo, salud y un poco de fe.