En la Huasteca, la muerte tiene música y un lugar en la mesa

El Xantolo conserva una tradición en la que los difuntos son recibidos como integrantes de la familia y la comunidad.

Por

Redacción

- domingo, noviembre 1 de 2026

San Luis Potosí, S.L.P., domingo 1 de noviembre de 2026.- En la Huasteca potosina, la llegada de los muertos se prepara con comida, flores y música. Durante el Xantolo, las familias reciben simbólicamente a sus seres queridos fallecidos, bajo la creencia de que regresan para compartir unos días con quienes permanecen en casa. La celebración convierte el recuerdo en una convivencia que alcanza hogares, calles y cementerios.

Su origen reúne prácticas indígenas de culto a los antepasados y elementos del calendario católico incorporados durante la época colonial. El nombre Xantolo se relaciona con el término latino sanctorum, de la festividad de Todos los Santos, adaptado al habla de la región. Esta mezcla dio forma a una celebración con expresiones propias en cada comunidad.

Uno de sus elementos más reconocibles es el arco que enmarca la ofrenda, elaborado con varas, follaje y flores de cempasúchil y mano de león. Debajo se colocan veladoras, alimentos y bebidas para los difuntos. La preparación de este espacio reúne conocimientos sobre plantas, cocina y trabajo artesanal que las familias transmiten entre generaciones.

Las máscaras y las danzas también tienen un sentido ritual. En algunas comunidades nahuas, los personajes conocidos como coles o xexos representan a los antepasados durante su visita anual y recorren las casas acompañados de músicos. Sus nombres, vestimentas y ceremonias cambian entre localidades, por lo que el Xantolo no se celebra de una sola manera en toda la Huasteca.

Aunque sus jornadas más conocidas ocurren entre finales de octubre y principios de noviembre, la preparación puede comenzar meses antes con la siembra de flores y las primeras ofrendas. La celebración también está vinculada con el ciclo agrícola: los productos de la cosecha se comparten con los muertos y entre vecinos, como una forma de agradecimiento por los alimentos recibidos.

El cierre tampoco sucede al mismo tiempo en todos los pueblos. En algunas comunidades, las ofrendas continúan hasta el 30 de noviembre, día de San Andrés, cuando se retira el arco y se realizan ceremonias de despedida. Así, el Xantolo mantiene el vínculo con los antepasados mediante tareas compartidas: cocinar, tocar, bailar y preparar cada año un lugar para recibirlos.