Concentra la Huasteca más de la mitad de policías estatales caídos este año

Ciudad Valles es el municipio más golpeado por esta situación.

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Ernesto García

- jueves, julio 30 de 2026

San Luis Potosí, S.L.P., jueves 30 de julio de 2026.– La escalada de violencia contra la Guardia Civil Estatal (GCE) ha dejado un saldo de siete policías caídos en cumplimiento de su deber durante 2026, luego del ataque registrado el pasado fin de semana en la delegación La Pila.

Las agresiones, ocurridas en distintos puntos del estado, reflejan el aumento de ataques en contra de los cuerpos de seguridad quienes continúan siendo blanco de grupos armados, particularmente en regiones como la Huasteca y Media.

Ciudad Valles es el municipio más golpeado por esta situación. Cuatro de los siete agentes fallecidos eran originarios de esa demarcación o mantenían un estrecho vínculo con ella, por lo que la ciudad ha concentrado la mayor parte de las pérdidas humanas sufridas por la corporación este año.

El primer ataque mortal ocurrió el 23 de marzo en Villa Juárez, donde una emboscada dejó sin vida a los policías Alejandro Niño González y Miguel Ángel Sanjuan Aguilar.

Un mes después, el 23 de abril, Raúl Eduardo Ortega Gallegos, de 25 años e integrante de la primera generación de la Guardia Civil Estatal, murió tras ser atacado junto con otro oficial en Tamazunchale.

La violencia continuó el 22 de junio en San Ciro de Acosta, cuando hombres armados sorprendieron a dos agentes que cargaban combustible en una gasolinera. En ese atentado falleció José Mercedes Fuentes Quezada, mientras su compañero resultó herido.

El episodio más letal ocurrió el 26 de julio en la comunidad Cerrito de la Cruz, en la delegación La Pila, donde un ataque armado contra elementos que realizaban labores de patrullaje dejó tres policías acaecidos: Michelle Stevens Martínez, Jesús Salazar Santos y Mariano Martínez Bautista.

Con estas siete muertes, 2026 se ha convertido en uno de los años más violentos para la Guardia Civil Estatal, en medio de una estrategia de seguridad que continúa enfrentando ataques directos contra sus elementos.

Este recuento considera únicamente a los policías estatales fallecidos en agresiones armadas durante el desempeño de sus funciones y no incluye a un elemento que perdió la vida en un accidente automovilístico al término de su jornada laboral.