San Luis Potosí, S.L.P., jueves 28 de agosto de 2025.– En San Luis Potosí, como en todo el país, cada 28 de agosto se celebra el Día del Abuelo, una fecha entrañable en la que se rinde homenaje a esos pilares de la familia que, con paciencia, esfuerzo y amor, han forjado caminos para las nuevas generaciones. Es un día de abrazos, de gratitud, de recordar que en sus manos está guardada la memoria viva de nuestros hogares; sin embargo, detrás de las flores, los desayunos en familia y las llamadas cariñosas, también se esconde una realidad dolorosa: cientos de adultos mayores viven su vejez entre el abandono, el maltrato y la indiferencia.
Las cifras son contundentes y revelan lo que ocurre fuera del festejo. En lo que va de 2025 se han registrado más de 300 denuncias por violencia contra adultos mayores en todo el estado de San Luis Potosí. Se trata de agresiones físicas y verbales, despojos patrimoniales, negligencias y hasta casos de violencia sexual.
Como ejemplo, el Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de la capital recibe casi a diario reportes de maltrato o abandono, mientras que en Soledad de Graciano Sánchez se cuentan entre dos y tres denuncias mensuales, principalmente por maltrato psicológico y patrimonial.
A nivel estatal, el panorama es igual de alarmante. De acuerdo con el INAPAM, cerca de 220 mil adultos mayores han sufrido algún tipo de abuso, siendo el despojo de bienes y la violencia económica las más frecuentes, mientras que el CONEVAL estima que más de un tercio de las personas de 65 años o más viven en condiciones de pobreza.
La crudeza de estas cifras se traduce en historias que conmocionan a la sociedad. Uno de los casos más recientes fue el del asilo Santa Sofía, clausurado en mayo después de que se difundieran videos en los que se exhibía el maltrato físico y psicológico a sus residentes. Diez adultos mayores fueron rescatados de condiciones indignas y trasladados a un espacio seguro, donde recibieron atención médica y social.

Apenas unas semanas más tarde, surgieron denuncias contra otro centro, La Aldea de los Abuelos, señalado por encerrar a los residentes por las noches y mantenerlos en condiciones precarias, lo que desató nuevamente la indignación pública y abrió investigaciones de la Fiscalía y Protección Civil.
Estos episodios han evidenciado una falla estructural en la falta de supervisión y regulación en estancias privadas que deberían ser refugios de cuidado, pero en muchos casos terminan siendo lugares de riesgo.
Frente a ello, el DIF capitalino, según ha informado su directora, Jessica Albarrán Ramírez, ha redoblado esfuerzos, no solo atendiendo denuncias y emergencias, sino también ofreciendo apoyos alimentarios, psicológicos y jurídicos a adultos mayores en situación de vulnerabilidad.
La intervención inmediata en casos como el de Santa Sofía mostró la importancia de contar con instituciones que velen por la dignidad de quienes ya no pueden defenderse solos, aunque también dejó claro que se requiere una política más amplia de prevención y acompañamiento.
El Día del Abuelo, entonces, no debería limitarse a un festejo simbólico. Más allá de los regalos o de una llamada de cariño, debe ser un recordatorio de la deuda social que existe. Protegerlos, cuidarlos y garantizar que vivan sus últimos años en condiciones de respeto y dignidad es la verdadera manera de celebrar su vida.