San Luis Potosí, S.L.P., lunes 2 de noviembre de 2026.- El altar de muertos representa un encuentro simbólico entre las familias y sus seres queridos fallecidos. Su origen reúne prácticas de los pueblos indígenas y tradiciones del catolicismo que, a lo largo de los siglos, dieron forma a las ofrendas que hoy se colocan en hogares y cementerios de México.
De acuerdo con la UNESCO, las celebraciones indígenas del Día de Muertos conmemoran el retorno transitorio de los difuntos. Bajo esta creencia, las familias preparan alimentos y colocan flores y velas para recibirlos, en una práctica que mantiene vivos los vínculos familiares y la memoria de quienes fallecieron.
Cada elemento de la ofrenda tiene un significado: las veladoras y los caminos de cempasúchil guían a las ánimas, mientras el agua y la comida permiten saciar su sed y hambre después del recorrido. Las fotografías identifican a las personas homenajeadas, y el copal se utiliza para aromatizar el espacio y alejar a los malos espíritus, según la tradición.
Aunque su composición cambia entre regiones y comunidades, el altar conserva el propósito de honrar a los difuntos. Los platillos favoritos y los objetos elegidos por cada familia convierten la ofrenda en una expresión de afecto y recuerdo que transmite la tradición entre generaciones.