San Luis Potosí, S.L.P., viernes 1 de mayo de 2026.- Cuatro de cada diez niñas y niños en San Luis Potosí han sido golpeados dentro de su propio hogar, de acuerdo con un diagnóstico elaborado por las organizaciones Apoyare A.C. y Shakti, como parte de la iniciativa “Espacios Seguros y Libres de Violencia”. El estudio advierte que la violencia que enfrenta la infancia en la entidad no es un fenómeno aislado, sino una práctica recurrente que se origina principalmente en el entorno familiar y se reproduce en otros espacios.
Los resultados señalan que el 42.7 por ciento de los menores encuestados ha sufrido agresiones físicas por parte de familiares, mientras que el 39.6 por ciento reportó haber sido objeto de gritos constantes. Estas cifras evidencian dinámicas de violencia cotidiana en casa, que impactan directamente en el desarrollo emocional de niñas y niños.
La investigación se aplicó a 344 estudiantes de entre 6 y 12 años de una primaria pública, lo que representa cerca del 60 por ciento de la matrícula, con un nivel de confianza del 97 por ciento. Entre los factores de riesgo identificados, destaca que el 38.1 por ciento de los menores permanece solo durante varias horas por las tardes, el 46.5 por ciento asume el cuidado de hermanos menores y más de un tercio ha sufrido algún accidente en ese periodo.
En el ámbito escolar, la violencia se presenta principalmente de forma psicológica. El 32.6 por ciento de los estudiantes reportó burlas o insultos, el 27.9 por ciento exclusión social y el 27 por ciento agresiones físicas como empujones, conductas que provienen tanto de compañeros como, en algunos casos, de docentes. A nivel comunitario, el 14.5 por ciento señaló haber sentido miedo por la conducta de alguna persona cercana.
Uno de los hallazgos más graves es la identificación de 25 casos de violencia sexual, equivalentes al 7.3 por ciento de la muestra. Del total de víctimas, el 56 por ciento corresponde a niños y el 44 por ciento a niñas. En casi la mitad de los casos, los agresores exigieron guardar silencio y, en más de una cuarta parte, hubo amenazas directas.
El informe también revela que seis de cada diez víctimas percibieron riesgo de sufrir daño grave o incluso perder la vida. Los agresores identificados incluyen desde otros menores hasta familiares cercanos, así como conocidos y personas desconocidas.
A pesar de la gravedad de la situación, solo el 39.2 por ciento de quienes sufrieron algún tipo de violencia lo comunicaron a alguien, mientras que la mayoría optó por guardar silencio, principalmente por miedo. El diagnóstico concluye que esta problemática responde a causas estructurales, como deficiencias en la aplicación de la ley, limitada atención institucional y desigualdades sociales, lo que deriva en afectaciones emocionales, rezago educativo, normalización de la violencia y desconfianza hacia las autoridades.