La tradición potosina de los Siete Templos marca el Jueves Santo

Cientos de fieles recorren iglesias del Centro Histórico en una práctica heredada desde el siglo XVI.

Por

Ernesto García

- jueves, abril 2 de 2026

San Luis Potosí, S.L.P., jueves 02 de abril de 2026.– A las ocho en punto de la mañana, las puertas de los templos comenzaron a abrirse y, con ellas, también el murmullo de la fe. En el Centro Histórico, el ir y venir de personas no responde a la prisa cotidiana, sino a un ritmo distinto: el de la devoción que marca el Jueves Santo.


Familias completas, parejas, adultos mayores y jóvenes avanzan con paso pausado. Algunos llevan rosarios entre las manos; otros, veladoras que apenas resisten la brisa de la mañana. La ruta no está escrita, pero todos parecen saber hacia dónde ir: de iglesia en iglesia, hasta completar siete.


En la Catedral Metropolitana de San Luis Potosí, el primer silencio se impone. Hay filas largas pero discretas, miradas bajas y oraciones apenas susurradas. Nadie da instrucciones; el ritual se conoce, se hereda, se repite año con año.


Afuera, el sonido de los pasos se mezcla con el eco de campanas lejanas. Conforme avanza el día, las calles del primer cuadro se llenan de creyentes que trazan su propio recorrido: algunos siguen hacia el Templo del Carmen, otros doblan rumbo al Templo de San Francisco o buscan llegar al Santuario de Guadalupe.


Cada parada es breve, pero significativa. En cada altar, una oración distinta, una intención personal, un recuerdo. La escena se repite: manos entrelazadas, ojos cerrados, el crujir de bancas antiguas y el olor a incienso que lo envuelve todo.


La tradición marca siete momentos, siete estaciones simbólicas del camino de Jesucristo: desde la oración en el Huerto de Getsemaní, pasando por los juicios ante Anás, Caifás, Pilato y Herodes, hasta llegar al silencio del sepulcro. Pero para quienes recorren los templos, el significado también es íntimo: agradecer, pedir, acompañar.

Su origen se remonta a la Roma del siglo XVI, impulsada por San Felipe Neri, quien promovió la visita a siete iglesias como un ejercicio de reflexión durante la Semana Santa. Con el tiempo, la costumbre cruzó continentes y echó raíces profundas en países de América Latina como México, donde hoy forma parte esencial de estas fechas.


Con el paso de las horas, la caminata se extiende más allá del Centro. En barrios como San Miguelito, Tlaxcala o San Sebastián, los templos reciben a quienes buscan completar el recorrido lejos del bullicio. Ahí, la noche cae más lento y la fe se siente más cercana.


La participación crece cada año. Y basta mirar las calles para confirmarlo: la tradición no solo se mantiene, se multiplica.


Al final del día, no hay un cierre oficial. Cada quien termina donde puede o donde quiere. Algunos regresan a casa en silencio; otros se quedan un rato más, sentados frente al altar, como si el tiempo se hubiera detenido.

Así, entre luces tenues, pasos cansados y plegarias acumuladas, San Luis Potosí vuelve a caminar, una vez más, los siete templos.

Además del recorrido por el Centro Histórico, hay fieles que mantienen la tradición de visitar los siete templos en los barrios emblemáticos de la ciudad, como Tlaxcala, San Miguelito, El Montecillo, San Juan de Guadalupe, San Sebastián, Santiago y Tequisquiapan, donde la práctica adquiere un carácter más comunitario y cercano.

De forma paralela, en el primer cuadro de la capital, las iglesias que tradicionalmente integran la Visita de los Siete Altares son la Catedral Metropolitana de San Luis Potosí, el Templo del Carmen, el Templo de San Francisco de Asís, el Templo de San Juan de Dios, el Templo de la Compañía de Jesús, el Templo de San Miguel Arcángel y el Templo del Sagrario Metropolitano, que cada Jueves Santo reciben a cientos de creyentes que realizan este acto de fe.