San Luis Potosí, sábado 29 de marzo de 2025.- En la historia de Apple, el ascensor se convirtió en un espacio icónico para los empleados que se cruzaban con Steve Jobs. Según relatos de quienes trabajaron con él, compartir el ascensor con el CEO no era solo un simple trayecto, sino una “prueba de fuego”. Jobs aprovechaba pocos esos segundos para hacer preguntas rápidas sobre el trabajo de las personas. Si la respuesta no era lo suficientemente destacada o alineada con su visión, los empleados podrían encontrarse fuera del proyecto o incluso de la empresa.
Michael Dhuey, ingeniero de Apple que cocreó el Macintosh II y el primer iPod, recuerda cómo todos se preparaban para esa “lotería” diaria: una oportunidad de impresionar a Jobs con una idea o respuesta que demostrara visión y creatividad. Según Dhuey, Jobs no toleraba lo que consideraba “tonterías”. Si algo no le interesaba o no se ajustaba a sus estándares, lo desechaba sin dudar.
Aunque estos encuentros en el ascensor se convirtieron en leyendas, lo que está claro es que Jobs se enfocaba implacablemente en la creación de productos que podrían cambiar el mundo. Para él, la calidad y la experiencia del producto final siempre fueron lo único importante, y esa mentalidad permeaba hasta los momentos más cotidianos de la empresa, como un simple viaje en ascensor.