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Tormentosa y pasional, así fue su vida, así es su voz…

Gustavo I. Robledo Guillén

 

 

Un día como hoy de 1915 nace –dice la leyenda- a la sombra-luminosa de una farola en las calles amorosas parisinas de la Francia de la 1ª Guerra Mundial.

La pobreza y el alcohol le marcaron desde su nacimiento. Mientras su madre le daba vino para provocar su sueño, esos sueños se desarrollaron años después en los más grandes escenarios, primero en el Teatro ABC o el mítico Moulin Rouge del Paris que también la vio entrar y salir a sus calles o a sus tabernas de “mala muerte”, para regresar como las grandes al famoso Olympia, en el ocaso de su carrera.

Su escénica y triste vida le permitió desenvolver su personalidad con las tonadas melancólicas que, grandes escritores o jóvenes talentos franceses que buscaron su cobijo por la ternura que despertaba -Aznavour entre ellos- le componían como parte de la inspiración que provocaba.

Sus cerca de 5 décadas de vida y 3 de colosal artista, bastaron para que se siga escuchando la gutural y prodigiosa voz de la diva francesa…

Su tormentosa y pasional vida es eso, un ejemplo artístico que su “Himno al amor” supo reflejar para que en el mundo sigamos disfrutando de las tonadas y las calles frías y lluviosas de la “Capital del amor”, de una copa de vino, de un cigarrillo y de la voz eterna de “El gorrión de Paris”…

“Cantar es una forma de escapar. Es otro mundo”.
Edith Piaf

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